Habermas, el filósofo que creyó en la fuerza de los argumentos
Opinión Habermas, el filósofo que creyó en la fuerza de los argumentos
La muerte de Jürgen Habermas cierra una de las grandes aventuras intelectuales de la Europa contemporánea. Fue el filósofo que creyó, quizá con una obstinación hoy casi heroica, que convencer era posible; que la democracia podía sostenerse sobre algo más que el poder, la fuerza o el interés.
El núcleo de su pensamiento —la teoría de la acción comunicativa— se apoyaba en una idea tan sencilla como radical: que la legitimidad democrática nace del mejor argumento y no del poder bruto. En una situación ideal de diálogo, sostenía Habermas, no debería imponerse quien habla más alto ni quien tiene más poder, sino la fuerza del mejor razonamiento.
En una situación ideal de diálogo no debería imponerse quien habla más alto ni quien tiene más poder, sino la fuerza del mejor razonamiento
Europa, con sus instituciones supranacionales y su intento de domesticar los viejos nacionalismos, debía ser la prueba histórica de que ese proyecto era posible. Por eso Habermas fue considerado el gran teórico de la democracia deliberativa: la idea de que la política democrática se legitima mediante la discusión pública y la formación racional de la voluntad colectiva.
Puede parecer una forma de candidez en una época en la que la verdad importa cada vez menos y en la que la política se ha convertido, a menudo, en un combate de identidades, emociones y propaganda. Una ingenuidad intelectual, dirán algunos. Habermas, sin embargo, nunca renunció a esa convicción: el mundo podía mejorar mediante la palabra.
Sus últimos años estuvieron marcados por una cierta melancolía. «Actualmente —confesó— todo aquello a lo que había dedicado mi vida se está perdiendo paso a paso». Fue una vida consagrada a la reflexión pública, no ajena a la polémica. No siempre tuvo razón. ¿Qué filósofo o filósofa la tiene? Y menos aún quien decide intervenir —y exponerse— durante décadas en el........
