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Trapos

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18.08.2026

Para evitar el pozo de los trapos sucios, la familia Ventura se había especializado en airear los trapos limpios durante las sobremesas. Así, en las tardes de domingo, no era extraño escucharlos hablar del coraje del abuelo Pascual, propietario de una mercería en el Madrid de posguerra, o de la sonrisa franca y la conversación risueña de tía Manuela, que estuvo a punto de emigrar a Argentina, pero que a última hora se arrepintió y entró a trabajar en la recepción del hotel Goya, donde había prosperado gracias a su don de gentes y su discreción. Difícil de olvidar, decía alguien, la fiesta de jubilación de tía Manuela: un ágape interminable al que acudieron antiguos huéspedes del hotel y trabajadores de todas las épocas del establecimiento. Cómo no recordar el discurso de tía Manuela, el temblor de sus manos y el aplauso de la concurrencia cuando ya no encontró más palabras y a duras penas logró incluir, casi en un susurro, una última voz: “Gracias”. Fue tan ruidoso el aplauso que las mesas temblaron y alguna copa derramó el vino sobre la mantelería de tonos ocres, la de las grandes ocasiones. Con semejante evocación de la vida pasada, la familia Ventura........

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