La fiesta
La recuerdo en el jardín recibiendo a sus invitados. Mantenía una postura muy erguida y el rostro sereno. Sonreía, pronunciaba las palabras justas. La recuerdo después en el salón, explicando los platos que había elaborado y preocupándose de que cada uno de nosotros encontrara su espacio en aquella fiesta de despedida, de fin del verano. En mi caso, ese espacio acogedor solía encontrarlo inicialmente junto a las estanterías repletas de libros. Entonces, antes de que me sintiera un intruso que finge una atención concentrada para no desentonar, ella se acercaba y me hacía un comentario amable que iniciaba una conversación ligera, muy breve. Y luego, de forma casi imperceptible, me acompañaba hasta otro rincón del salón en el que otros invitados mantenían una conversación sin un objeto preciso más allá de la propia conversación.
No sé cómo lograba acoplarme a esas palabras que lamentaban el final del verano y recordaban un tiempo no muy lejano en el que alguien celebraba una fiesta ineludible en una casa que ya no existía, pues la habían convertido en un hotel. Supongo que la conversación con la anfitriona tenía la virtud de entrenarme para aquella charla........
