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Agosto

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15.04.2026

Llegó a primera hora de la tarde. Se alojó en la habitación más amplia del hotel. No hizo ninguna llamada. Tan solo se tumbó y dejó pasar el tiempo tratando de no pensar demasiado en si había sido una buena idea aquel viaje. Con el intento de eludir este pensamiento se fue quedando dormida. Cuando despertó, había anochecido: eran casi las once. Le pareció demasiado tarde para bajar a la cafetería. De modo que estuvo leyendo hasta que los ojos se le cerraron de nuevo. Los rayos del sol de primera hora le hicieron abrirlos. No había apenas nubes y la luz entraba sin filtros en la habitación. Bajó a desayunar.

La cafetería era muy parecida a la de su recuerdo. Entre las paredes forradas de madera de color miel se distribuían mesas y sillas en aparente desorden. Los clientes las habían agrupado para que respondieran a sus necesidades: el corrillo del fondo discutía sobre un asunto relacionado con el monte comunal, un hombre mayor leía el periódico y una familia con dos niños desayunaba con desgana. Pidió zumo de naranja, café con leche y una tostada de pan con aceite y tomate. Recordaba que ese había sido también su último desayuno en aquella cafetería. Pero desde........

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