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El ser o no ser de las reformas en Cuba

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23.07.2026

Análisis El ser o no ser de las reformas en Cuba

El cierre del mes de junio de 2026 estuvo marcado en Cuba por la aprobación de un paquete de 176 medidas que promete revitalizar el impulso reformista que, de manera inconsistente, se ha articulado en la Isla desde la década conclusiva del pasado siglo. En medio de la feroz agresión del binomio Trump-Rubio, las autoridades cubanas apuestan, pareciera que esta vez con contundencia, por la apertura al mercado. Sin duda alguna, vale la pena ubicar a esta noticia dentro del arco temporal discurrido en la nación caribeña en los últimos lustros.

Los primeros atisbos liberalizadores se articularon en el país en el decenio de 1990, cuando la crisis provocada por la desaparición del campo socialista y la desintegración de la URSS obligó al gobierno encabezado por Fidel Castro a implementar dinámicas aperturistas que permitieran adaptar el colapsado modelo de inspiración soviética al complejo escenario de la economía-mundo capitalista. La despenalización de la tenencia de divisas, la autorización de la entrada de remesas, el impulso al emprendimiento privado y el fomento de la inversión extranjera fueron algunas de las iniciativas promovidas por la misma estructura poder que, en el cierre de los años ochenta, se había negado a asumir en lo económico líneas de acción similares a las condensadas en la perestroika y en los procesos de remodelación estructural acaecidos en China y Vietnam.

Las limitadas reformas de los noventa, entendidas como recurso de contingencia y no como una reconceptualización del modelo, provocaron la parcial recuperación de la economía, al tiempo que propulsaron un escenario de desigualdad que laceró al pacto social nacido de la Revolución de 1959. El mejoramiento de la situación nacional encontró un catalizador, justo en la frontera del mileno, en la llegada al poder del proyecto nacionalista de Hugo Chávez en Venezuela.

El desmontaje de las denominadas “gratuidades indebidas” trajo consigo molestia y preocupación en los amplios sectores sociales históricamente beneficiados por estas

La alianza entre Caracas y La Habana —pactada en el contexto de auge del progresimo latinoamericano y del alza de las comodities en el mercado internacional— le garantizó a la Isla acceso a combustibles y a un esquema de financiamiento e inversión que se tradujo en la mejoría de los indicadores macroeconómicos. Sin embargo, tal interacción trajo consigo dos problemáticas. De un lado reforzó la tendencia del sistema cubano a depender de la estabilidad de un benefactor foráneo y por otro creó las condiciones para que la dirección insular cerrara el camino aperturista emprendido años antes, desde la lógica de que volvía a crearse un marco que permitía restañar la concepción hiperestatista de control económico.

El impulso reformista durante el mandato de Raúl Castro

La salida de Fidel Castro de la primera línea política en 2006, la asunción de la máxima dirección del país por Raúl Castro —más ajeno al quehacer voluntarista de su hermano— y sobre todo los desequilibrios que gravitaban sobre la economía dieron pie a un nuevo impulso reformista, el cual tuvo sus dos primeras manifestaciones en la eliminación de un conjunto de prohibiciones que pesaban sobre la vida de los cubanos —limitaciones para la compraventa de viviendas y vehículos, restricciones en el acceso a instalaciones turísticas y en el uso de la telefonía celular, permisos para viajar al extranjero— y en el adelgazamiento del sistema de subsidios con el que durante años el sistema había buscado compensar las carencias que experimentaba la población en materia de consumo. Así y como el fin de las proscripciones generó apoyo popular a los cambios en marcha, el desmontaje de las denominadas “gratuidades indebidas” trajo consigo molestia y preocupación en los amplios sectores sociales históricamente beneficiados por estas.

El núcleo de las reformas raulistas llegó en 2011 con la celebración de VI Congreso del Partido Comunista. En ese cónclave se aprobaron los Lineamientos de la Política Económico Social, bajo la idea de que ellos encarnaba la “actualización del modelo”. El discurso de la dirigencia cubana se lanzó a la defensa de la diversificación de las formas de gestión de la propiedad, del otorgamiento de más facultades a la empresa estatal, de la concesión en usufructo de tierras baldías, de la unificación monetaria y cambiaria, de la promoción de la inversión extrajera y de la superación de “viejas mentalidades” que impedían el avance del cambio necesario; todo ello desde el argumento de que las transformaciones implicaban no un ajuste táctico,........

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