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Coreografiar la política: ¿una danza entre instituciones y movimientos por el derecho a la vivienda?

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08.04.2026

Opinión Coreografiar la política: ¿una danza entre instituciones y movimientos por el derecho a la vivienda?

Hace unos días, el ministro de Derechos Sociales, Pablo Bustinduy, lanzó una llamada que, en otras circunstancias, podría parecer un gesto menor: pidió ejercer la “máxima presión” social para salvar el Real Decreto que obliga a prorrogar los contratos de alquiler y limita al 2% la actualización anual de la renta.

Sabedor de que Junts y el PNV pueden tumbar la medida, Bustinduy busca un apoyo que trascienda la aritmética parlamentaria. Lo llamativo de su petición es que reconoce tácitamente una verdad incómoda: desde la institución solo no se puede. Algo falta, y ese algo es la potencia de un decir ciudadano, de una toma de palabra masiva, una manifestación pública.

¿Podría una movilización social forzar la opinión de algunos grupos políticos y salvar el decreto? En caso de que la resistencia fuese vencida y el decreto se aprobase, tal vez se abriese un horizonte posible de debate sobre el tema de la vivienda, más allá de estas medidas urgentes de contención.

¿Es posible una acción estratégica común? ¿Es posible tejer una acción realista en la complejidad donde nadie ocupe el “centro” o represente el “todo”, un acción astuta y diversa que ponga a jugar lo diferente y sea capaz de articulación sin “unidad”?

Fue en marzo de 2017, hace casi diez años, en pleno “asalto institucional”, cuando la activista e investigadora boliviana Raquel Gutiérrez vino a España y propuso en conversaciones informales con algunos activistas la imagen de la coreografía como inspiración posible para salir de los bloqueos en los que se estaba entonces (desde los movimientos sociales se experimentaba una sensación de “traición”, desde los nuevos partidos otra de “superación”).

Puso su propia vida como ejemplo. Contó que así se había “orquestado” su salida de la cárcel en 1997, como una acción coreográfica, donde diferentes actores “jugaron un papel” y presionaron juntos para conseguir un resultado. La metáfora de la coreografía evocaba así la posibilidad de actuar en la diferencia sin ceder soberanía ni hacer un bloque identitario, sin pedir al otro que dejara de ser lo que era, de estar donde estaba, sin tampoco creerse del todo el propio papel (lo importante es producir efectos, sin moralina, pura estrategia).

¿Qué es una coreografía?

En danza contemporánea, lejos de ser una secuencia cerrada de pasos, la coreografía es un proceso abierto de composición en el espacio-tiempo a través del cuerpo. Merce Cunningham, figura clave de la vanguardia del siglo XX, la concibió como una organización donde cada elemento (movimiento, música, escenografía) posee su propia lógica.

Autores más recientes, como André Lepecki o Bojana Cvejić, ven en ella un pensamiento crítico y político encarnado: coreografiar es organizar el movimiento para producir sentido, cuestionar discursos hegemónicos y construir subjetividades. El filósofo Jean-François Lyotard señaló por su parte, a partir de los experimentos de John Cage y Cunningham, que la danza puede producir un........

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