Después de Infantino: estos son los candidatos que quieren controlar la FIFA
La crisis de Gianni Infantino ha abierto una carrera sucesoria que todavía no tiene candidatos oficiales, programas definidos ni una coalición capaz de derrotarlo. Tiene, eso sí, una colección creciente de nombres, maniobras y cálculos continentales.
Victor Montagliani aparece como el dirigente mejor situado dentro de la propia estructura de la FIFA. Lise Klaveness representa la promesa de una ruptura ética y cultural. Aleksander Čeferin dispone del aparato de la UEFA y de una confrontación prolongada con Infantino. Salman bin Ibrahim Al Khalifa conserva influencia en Asia. Nasser Al-Khelaïfi encarna el poder de los grandes clubes y de las nuevas alianzas económicas del fútbol.
Todos pueden ser presentados como posibles sucesores. Ninguno puede considerarse todavía una alternativa consolidada.
Infantino ha confirmado que se presentará a la elección presidencial de 2027. Para competir contra él, cualquier aspirante deberá ser propuesto por una federación y reunir el respaldo formal de, al menos, cinco asociaciones. La candidatura tendrá que comunicarse a la Secretaría General de la FIFA cuatro meses antes del Congreso.
Sobre el papel, el requisito parece sencillo. El verdadero desafío comienza después: construir una mayoría entre 211 federaciones con intereses económicos, deportivos y geopolíticos muy diferentes.
La crisis provocada por el fallido intento de abrir una parte del negocio de los Mundiales al capital privado ha roto la imagen de invulnerabilidad del presidente. UEFA, Concacaf y la Confederación Asiática rechazaron la operación; varias federaciones retiraron su respaldo electoral; y comenzaron a circular posibles nombres para sustituirlo.
Sin embargo, confundir el debilitamiento de Infantino con la existencia de una alternativa sería precipitado. La oposición posee dirigentes, argumentos y capacidad de presión. Todavía no tiene un candidato común ni una mayoría mundial.
La elección que no puede ganar Europa sola
La UEFA dispone de 55 federaciones, el mayor bloque individual de la FIFA. Son suficientes para liderar una rebelión, condicionar la agenda y proyectar una oposición de enorme repercusión pública. No bastan para elegir a un presidente.
En una votación con los 211 miembros y dos candidatos, la mayoría absoluta se situaría en 106 votos. Incluso una Europa completamente unida necesitaría sumar más de medio centenar de apoyos adicionales en África, Asia, América u Oceanía.
Esa aritmética transforma la sucesión en algo más complejo que un duelo entre Infantino y el candidato favorito de la UEFA. Obliga a cualquier aspirante a responder preguntas incómodas: cuánto dinero mantendrá para las federaciones pequeñas, qué competiciones ampliará, cómo distribuirá los ingresos y qué espacio concederá a las confederaciones alejadas del centro económico europeo.
La FIFA no se conquista únicamente prometiendo transparencia en Nyon, Londres, Oslo o Madrid. También hay que convencer en Dakar, Kingston, Kuala Lumpur, Auckland, Asunción y las decenas de federaciones cuyo presupuesto depende en gran medida de los programas internacionales de desarrollo.
El candidato que pretenda derribar a Infantino necesitará construir una coalición mundial sin parecer un instrumento de reconquista europea. Ese será el principal dilema de la oposición.
Montagliani: el sucesor desde dentro
Victor Montagliani reúne varias de las condiciones que normalmente preceden a una candidatura viable.
Es presidente de Concacaf, vicepresidente de la FIFA, miembro de su Consejo y copresidente del Mundial de 2026. Antes dirigió la federación canadiense. Conoce el aparato, participa en las decisiones centrales y gobierna una confederación que incluye a Estados Unidos, México y Canadá, pero también a numerosas asociaciones caribeñas y centroamericanas cuyo voto tiene exactamente el mismo valor.
Su principal fortaleza es también su mayor debilidad: Montagliani puede presentarse como una alternativa a Infantino sin aparecer como un enemigo del sistema. No llega desde fuera para derribar la FIFA, sino desde una de sus vicepresidencias para ofrecer una gestión más colegiada y previsible.
Concacaf se opuso al proyecto........
