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Luis Ybarra ante su segunda Bienal de Sevilla, un laboratorio de identidad y vanguardia: "Para ser universal hay que hablar de tu pueblo"

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30.08.2026

A sus 30 años, y tras el rotundo éxito de su debut, Luis Ybarra afronta por segunda vez la dirección de la Bienal de Flamenco de Sevilla, el festival más grande del mundo en su género. Periodista, gestor cultural y, ante todo, un apasionado aficionado que nunca pierde de vista la perspectiva del patio de butacas, encabeza la XXIV edición de un evento que este año conmemora el centenario del apogeo de la 'Ópera Flamenca' de los años 20.

En esta entrevista repasa los retos de gestionar un 'monstruo' cultural de más de 70 funciones, el delicado equilibrio entre la vanguardia y el respeto a la raíz, su particular relación con el síndrome del impostor y su firme convicción de que el flamenco, lejos de diluirse o fosilizarse, sigue siendo un motor vivo y generador de identidad.

Pregunta: (P): Este septiembre comienza la XXIV edición de la Bienal de Flamenco de Sevilla. ¿Qué nos podemos esperar?

Respuesta (R): De la Bienal se esperan muchas cosas. Es el festival más grande del mundo en cuanto al número de espectáculos, también a estrenos que se presentan, algunos de ellos como noches únicas, espectáculos que no nacen con la vocación de girar, sino de ocurrir por la singularidad de los espacios en los que se dan, por los artistas que reúnen o por el repertorio que se va a interpretar. Es muy exclusivo para Sevilla porque así lo quiere el artista, porque viene aquí a lucirse. Y después también estrenos que van a viajar por todo el mundo, que ya antes de su punto de partida sí que tienen planteada una gira. Y en ese sentido la Bienal está cargada de singularidades, empezando este año por el concepto que se va a encontrar la gente, un festival con más de 70 funciones, con una actividad de calle muy intensa, con espectáculos gratuitos, con ciclos de cine, literatura, con presentaciones de libros, exposiciones...una actividad muy intensa.

Además en un contexto que para mí es donde está la gran singularidad. Se cumple el centenario del apogeo de lo que se llamó la 'Ópera Flamenca', en los años 20. Y vamos a celebrar ese centenario desde que el flamenco empieza a desarrollarse como un arte escénico, después de la etapa de los cafés cantantes, con esa apertura al público. Por eso arrancamos en la Plaza de Toros porque estamos celebrando un siglo desde que el flamenco estaba consolidado en esas plazas.

Vamos a revisitar ese flamenco de los años 20 sin ningún tipo de nostalgia y con artistas de hoy. Entonces, no solo el día inaugural en la Plaza de Toros, sino que también habrá guiños. La programación está trufada de esta revisitación del flamenco en los años 20, por eso el proyecto de este año gira en torno a la guitarra de Ramón Montoya, por eso el proyecto de Sandra Carrasco y David de Arahal en torno a Marchena. También hay un proyecto en torno a Manuel Vallejo, pues se cumple el centenario de su llave de oro. Rancapino Chico va a hacer el proyecto de Pizarra, que va a revisitar también discografía antigua deP izarra... Y esto no es algo que no suponga un límite, sino que el concepto es muy abierto. El baile tiene una importancia que no tenían aquellos espectáculos de la Operación Flamenca. Entonces digamos que con códigos de hoy vamos a revisitar todo aquello.

(P): Es la segunda edición que diriges de un evento de este calibre, uno de los más grandes del mundo en su ámbito. Después de los nervios de la primera vez, de la última Bienal, ¿cómo has afrontado tú dirigir tu segunda edición?

(R): La responsabilidad es la misma que la anterior edición. Sí que es cierto que incluso con un poco más de presión, porque los resultados de la pasada fueron muy buenos. Había, por supuesto, cosas que mejorar, pero la respuesta del público, la taquilla y el resultado artístico, nos dejaron muy satisfechos. Entonces ahora vamos a intentar dar un pasito más hacia delante a nivel de programación, con esas noches únicas, con esa verdadera singularidad, con ese concepto.

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A mí, en realidad, lo que me preocupaba era ilusionarme de nuevo con un proyecto, porque una bienal es algo sumamente absorbente, en el mejor sentido del término. Hay que dedicarle muchísimo tiempo, muchísimas horas y no solo yo, sino todo el equipo. Y estuvimos todos tan involucrados en la pasada edición que de pronto termina la bienal y te quedas como vacío y digo: 'Bueno, ¿cómo me voy a ilusionar yo ahora tanto con otro proyecto?' Entonces poco a poco fuimos encontrando los argumentos para ilusionarnos y nada, ya en unos meses........

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