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Cuando Dios salió del BOE

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13.08.2026

En enero de 2020, varios ministros del primer Gobierno de coalición de la democracia prometieron su cargo sin crucifijo ni Biblia. Otros ejecutivos habían hecho lo mismo antes, pero aquella imagen volvió a abrir un debate recurrente: ¿debe un cargo público jurar ante símbolos religiosos? La respuesta depende menos de las convicciones personales que de cómo entiende un país la relación entre el Estado y las creencias.

Durante la dictadura franquista esa pregunta apenas existía. España se definía como un Estado confesional católico y la Iglesia ocupaba una posición privilegiada en la vida pública. La religión impregnaba la educación, las ceremonias oficiales y buena parte de la legislación. Las autoridades civiles y religiosas compartían actos públicos con frecuencia, mientras que la moral católica inspiraba normas sobre el matrimonio, la familia o el papel de las mujeres.

Aquella alianza tenía raíces profundas. Tras la Guerra Civil, la dictadura encontró en la Iglesia uno de sus principales apoyos........

© El Plural