El dilema de Artemis: si en los sesenta ya teníamos tecnología para ir a la Luna, ¿por qué hemos tardado tanto en volver?
Explicación científica
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Un astronauta del programa Apolo desciende sobre la Luna. / NASA
En los años sesenta, en los albores de la carrera espacial, Estados Unidos logró llevar al ser humano a la Luna en menos de una década, con ordenadores menos potentes que cualquier móvil actual y con un equipo de científicos haciendo cálculos a mano. Por eso mismo, ante el arranque del programa Artemis, son muchos los que se preguntan cómo puede ser que ahora, con una tecnología infinitamente más avanzada, ese mismo objetivo se está demorando tanto y, según los expertos, se perfila como tan complicado. ¿Si ya teníamos la tecnología para ir a la Luna por qué ahora está costando tanto volver? ¿Acaso hemos perdido las herramientas para llegar al suelo lunar? Según explica el ingeniero aeroespacial Miquel Sureda, de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), la respuesta combina factores técnicos, económicos y políticos que muestran hasta qué punto esta segunda carrera espacial arranca con reglas del juego profundamente distintas.
Desarrollo más exigente y más protocolos de seguridad
El primer argumento, afirma el especialista, es que las exigencias han cambiado radicalmente desde el programa Apolo hasta ahora con Artemis. "Es cierto que tenemos mejores herramientas tecnológicas pero, a su vez, también somos mucho más exigentes tanto con los componentes técnicos de la misión como con los protocolos de seguridad", sostiene. En la época Apolo, Estados Unidos asumió el riesgo de lanzar misiones espaciales sin aún tener la tecnología del todo perfeccionada con tal de ganar la competición con la Unión Soviética. "Hoy, en cambio, no basta con que el cohete funcione. La misión debe ser mucho más segura, fiable y, además, idealmente con garantías de continuidad", comenta Sureda. Esta ambición añade complejidad al diseño, porque implica validar muchos más escenarios, reducir al mínimo los fallos y garantizar estándares muy superiores a los de los años sesenta.
Menor inversión y sin objetivos estratégicos tan urgentes
El segundo argumento tiene que ver con el presupuesto y la urgencia misma del programa. En este sentido, Sureda reucerda que las misiones Apolo contaron con "un presupuesto ilimitado" y un objetivo claro para construir de "llegar a la Luna lo antes posible". Con los mínimos cohetes posibles. Esto permitió avanzar de forma clara en el programa espacial con una meta clara de lograr un alunizaje en menos de una década, tal y como prometió Kennedy. En contraste, hoy hay mucho menos fondos disponibles para los programas espaciales y ya no existe la misma presión temporal tan marcada como hace medio siglo. "Sigue habiendo una competencia entre Estados Unidos y China para llegar a la Luna, pero nada comparable con el contexto de la Guerra Fría", afirma Sureda. Estos factores están reduciendo la velocidad de desarrollo y obligando a optimizar recursos, lo que ralentiza aún más el progreso de las misiones.
Falta de voluntad política y poco apoyo social
El tercer argumento es político y organizativo. Durante el programa Apolo existía una alineación casi total con la causa. "Todo el mundo estaba extremadamente concienciado con el programa espacial, desde la política hasta la sociedad, pasando por la economía. Había la meta de ser los primeros en llegar a la Luna y todos los esfuerzos se dirigían en esa dirección. Esa coherencia facilitó la toma de decisiones rápidas y el uso eficiente de los recursos", afirma el ingeniero. En cambio, el programa actual ha estado marcado por cambios constantes de dirección. En este sentido, el experto afirma que la estructura misma de Artemis ha ido modificándose según cambiaban los gobiernos y sus prioridades. Sobre todo tras la llegada de Donald Trump al poder, sus recortes y sus constantes cambios de narrativa. La iniciativa, además, tampoco ha conseguido cautivar a la gente y, al menos por ahora, no goza de gran popularidad social.
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Coordinación internacional y objetivos a largo plazo
El cuarto argumento, y quizás el más importante, es que si no hemos vuelto a la Luna antes porque ahora el objetivo es hacerlo de forma más segura y, sobre todo, con el objetivo no solo de plantar una bandera sino de crear colonias humanas permanentes en el suelo lunar. Tanto por parte de China como por parte de Estados Unidos. Ahora, además, a diferencia de lo que ocurrió durante la primera carrera espacial, en los programas actuales también se está buscando priorizar la cooperación internacional y la colaboración con otras agencias, empresas privadas y socios globales en diferentes componentes de las misiones. Y eso, en definitiva, añade capas de coordinación que hace décadas no se contemplaban y, a veces, eso implica dinámicas de trabajo más demoradas. Por eso mismo, son muchas las voces que argumentan que la nueva carrera lunar, lejos de ser una simple repetición del pasado, representa una transición hacia una exploración espacial más compleja, ambiciosa y estratégica. Y eso requiere su tiempo.
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