El intercambio de casas por vacaciones se quintuplica desde 2020: "No solo ahorras, viajas de otra forma, vives la vida de otros"
Nuevos modelos de turismo
El intercambio de casas por vacaciones se quintuplica desde 2020: "No solo ahorras, viajas de otra forma, vives la vida de otros"
Barcelona despunta como la ciudad más demandada del mundo en Home Exchange, la principal plataforma, que cuenta con 43.000 inscritos en España, segundo país con más miembros
Catalunya es la comunidad que registra más usuarios: 17.000
Jordi y Laura -y a la izquierda su hijo Iker-, en el salón de su casa de Barcelona, que comparten en vacaciones en la plataforma Home Exchange. / Jordi Otix
Aquel verano, hace siete años, Laura Antuñano y Jordi Jordà, periodistas, tenían planeado viajar con sus tres hijos a Galicia, pero un día una familia de San Francisco seleccionó su casa de Barcelona en la plataforma de intercambio de casas de Home Exchange. "Era una casa victoriana increíble, además, en las fotos vimos que tenían un cartel de San Fermín, y yo soy de Pamplona", recuerda Laura sobre ese guiño del destino. Comenzaron a hablar con ellos y cuadró: "Fuimos 10 días. Fue impresionante".
Laura, Jordi y sus tres hijos son una familia enamorada del intercambio de casas para pasar vacaciones, un fenómeno imparable en España. Con la inflación y los precios de los hoteles y alojamientos cada vez más caros, es un 'refugio' al que cada vez más gente acude para pasar unas vacaciones sin preocuparse por el bolsillo y que tiene muchos alicientes personales. El método, que retrataba la película 'The holiday', protagonizada por Cameron Diaz y Jude Law, es muy simple: tú me prestas tu casa, yo te presto la mía. Sin intercambio monetario, sin registros, solo pagando la cuota de la plataforma que se utiliza [oscilan entre 115 y 200 euros anuales por familia].
Desde hace ocho años, Laura y Jordi han realizado 43 intercambios: "La motivación no es solo económica, en lugar de ir a un Airbnb vas a la casa de alguien, ves los libros que lee, lo que come, vives la vida de otros"
Desde hace ocho años, Laura y Jordi han realizado 43 intercambios: "La motivación no es solo económica, en lugar de ir a un Airbnb vas a la casa de alguien, ves los libros que lee, lo que come, vives la vida de otros"
Desde hace ocho años, Laura y Jordi han realizado 43 intercambios sumando sus propios viajes -en breve irán a Chicago- y las veces que han recibido a otros miembros de la plataforma en su casa. "Es verdad que no vale para todo el mundo, te tiene que dar igual que alguien venga a tu casa. Tienes que ser un poco desprendido en ese sentido. Es como si viniera un amigo", cuenta el matrimonio. "La motivación no es solo económica, es otra forma de viajar; en vez de ir a un Airbnb, que son todos iguales, de Ikea, vas a la casa de alguien, ves los libros que lee, lo que come, vives la vida de otros".
Laura y Jordi muestran el álbum familiar de sus viajes gracias al 'home exchange'. / Jordi Otix
"La gente es muy respetuosa"
Ambos afirman que la gente "es muy respetuosa", que no hacen nada especial salvo dejar todo en orden en su casa -facilitan juegos de sábanas y toallas, eso sí- y ordenar las viviendas de destino cuando se marchan. Han estado en Budapest, Berlín, Sicilia, París, Venecia... sitios algunas veces inalcanzables tantos días si hubieran ido de hotel. "Solemos buscar casas de familias con niños; la casa es muy importante, hay que buscar bien, dedicarle tiempo y a veces encuentras que tienen billar, jardín, o una piscina, es emocionante", señala el matrimonio, que como el resto de miembros hace de 'cicerone' de su ciudad, haciendo recomendaciones a sus 'guests' de dónde ir o qué comer. "No se entabla amistad, pero la relación va más allá del intercambio". De entre lo que más destacan es la experiencia que viven sus hijos, pues aprenden a "adaptarse, a tener flexibilidad para viajar y a tener respeto por las cosas de los demás".
Cambio tras la pandemia
Cada año el crecimiento de este microsector es mayor. "Llevábamos 30 años creciendo, pero la pandemia cambió muchas cosas", explica Pilar Manrique, portavoz de Home Exchange en España, sobre el 'boom' de los últimos años, alentado por la "crisis económica" que provocó el covid y que hizo que "llegara mucha gente atraída por esta forma de viajar más flexible, que permite ahorrar y da confianza y seguridad. La gente te daba información de lo que ocurría en sus destinos, cómo evitar lugares masificados...".
El intercambio de casas, dice, te permite "conocer" barrios, ciudades o pueblos "a los que nunca te hubieras planteado ir" y te hace "sentirte como en tu casa", sobre todo en caso de que las familias tengan niños pequeños. "Adonde vas puedes encontrar juguetes, tronas, eso es muy cómodo", aprecia Manrique, además de destacar que es una forma de "viajar más responsable y sostenible en un modelo que no fomenta la especulación inmobiliaria", en referencia a la gentrificación que provocan los pisos turísticos.
En 2025, se registraron 1.908.768 pernoctaciones de Home Exchange en España, un 34% más que en 2024. En 2026, ya se han contabilizado 751.381, lo que supone un incremento del 40% respecto al mismo periodo del año anterior. Catalunya es la comunidad donde más inscritos hay (17.000), seguida de Andalucía, Comunidad Valenciana y Madrid. "Barcelona es de hecho la ciudad número uno del mundo para intercambio de casas", aprecia Manrique sobre un destino "perfecto" al ser una "ciudad muy internacional, con playas, muy cosmopolita; Catalunya tiene una cultura muy hospitalaria, en general como en toda España".
Marta y Lluìs, jubilados en la actualidad, llevan 33 años compartiendo su vivienda cerca de Barcelona y viajando principalmente por Europa. / Victòria Rovira
Piso con vistas al mar
Entre los usuarios hay perfiles de todo tipo. Desde Marta y Lluís, que llevan tres décadas intercambiando casas, hasta parejas más jóvenes. La mayoría son familias con niños que encuentran en este modelo flexibilidad y ahorro. "Nosotros estamos muy contentos", admite Clara, que junto a su marido y sus dos hijos -de 10 y 13 años- llevan ocho años haciendo intercambio de casa en vacaciones. Ellos dejan su piso con vistas al mar del barrio barcelonés del Guinardó y se van a conocer Inglaterra, Holanda o Italia o otras ciudades españolas. "Es una forma de viajar muy cómoda, que te permite conocer la ciudad como un vecino más, no como un turista. Y es muy económico, claro, con la cuota anual, que es lo que vale una noche de hotel, viajas todo lo que quieras".
El perfil más extendido es el de familias con niños pequeños o adolescentes, ya que son cerca del 40%. Los niños, cuenta Clara, son los que más disfrutan. "En Europa hay muchas casas con jardín, y con cama elástica, y eso a los míos les encanta. Además hay casas impresionantes, de tres o cuatro pisos, con piscina. Pagar por esto en un hotel sería imposible".
"Yo soy embajadora de Home Exchange y es verdad que hay mucha gente reticente, te dicen que tienen reparo porque son sus cosas, su cama, pero yo les digo siempre '¿y en la cama del hotel donde vas cuánta gente ha dormido?", razona Clara, que recuerda que han disfrutado de experiencias que no habrían vivido de otro modo: desde pasear perros con vecinos en Londres a ver zorros husmear la puerta de tu cocina o cuidar una minigranja "con conejos y cabras" en Italia. "Es muy auténtico", apunta Clara.
Un fenómeno nacido en los años 50
Dependiendo de la plataforma -Intervas, Livekindred, Thirdhome...- se pueden hacer intercambios simultáneos o no, o usar un método de acumulación de puntos que puedes ir canjeando y no tiene que ser con la misma familia que te deja su casa. En Intervac sí que es intercambio directo. Fundada en 1952 por un grupo de maestros de Alemania y Holanda que buscaban formas económicas de viajar en las vacaciones, es la compañía decana del sector. "Los socios se mandaban cartas y fotos de las casas por correo ordinario y se llamaban por teléfono; era toda una experiencia", recuerda Anna Grossi, portavoz en España de Intervac, que en todo el mundo tiene 20.711 socios, más de 1.900 en nuestro país (530 activos).
Laura, Jordi y sus hijos Iker, Lola y Clara disfrutando un almuerzo en una casa de intercambio en Berlín. / CEDIDA
En Intervac ofrecen un contacto "personalizado". "No creemos en el 'call center'; es importante que los socios tengan confianza y responder cualquier duda. Somos como una gran familia, tenemos socios incluso de segunda generación, que empezaron los intercambios cuando eran niños". Según afirma la delegada de Intervac, pese a que Catalunya lidera los intercambios, están viviendo en la actualidad un auge en el norte y sur de España. "También se hacen intercambios de coches y con adolescentes que quieren estudiar en el extranjero", apunta.
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Imagen de los maestros de Centro Europa que comenzaron a intercambiar casas a mitad del siglo pasado durante la época vacacional. / INTERVAC
Como no es un alquiler vacacional y no hay un rendimiento monetario, el intercambio de casas no computa fiscalmente, si bien algunos abogados opinan que podría ser un "beneficio en especie", algo que al menos de momento tiene un difícil encuadre tributario. "Es que los miembros no buscan beneficio económico, sino emocional, disfrutar de verdad de tus vacaciones con la familia", razona Manrique. "Hay cierto riesgo de que al crecer tanto [el fenómeno] en vez de ser un tema de familias se despersonalice, que sea un intercambio comercial", advierte en ese sentido Jordi en referencia a la "tasa de limpieza" que algunos miembros ya aplican en Home Exchange.
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