España desarrolla sus propios drones para defenderse de ataques aéreos
España desarrolla sus propios drones para defenderse de ataques aéreos
Defensa pide a las empresas aparatos baratos y que no dependan de cadenas de suministro extranjeras
El dron Drizzle, última aportación española para la guerra de drones
Un dron nodriza con varios drones más pequeños adosados a su lomo y sus alas, que se liberan a hasta 80 kilómetros del punto de despegue y, una vez sueltos, se lanzan 50 kilómetros más buscando a su objetivo. O muchos drones nodriza como ese, que se multiplican con los aparatos más pequeños de su carga cuando se activa el enjambre. A la idea, sus creadores la llaman “llovizna”.
Así lo ha bautizado la tecnológica española Indra: Drizzle, o llovizna en inglés. Nace como arma de ataque aéreo de saturación, y también para defensa de vehículos, instalaciones y hombres sobre el terreno en la función que los militares llaman “dron efector”, y que los expertos del Ejército llevan pidiendo más de tres años.
El Drizzle de Indra es la más reciente incorporación a una creciente panoplia de soluciones españolas para una amenaza acerca de la cual llueven avisos en Europa. Los drones son, además de los misiles, lo que llueve en cada bombardeo nocturno sobre Ucrania. Un dron es, de hecho, el primer aparato ajeno que han derribado los cazas españoles desplegados en Rumanía para defensa del espacio aéreo OTAN. La incursión de otros drones ha encendido alarmas en Alemania, Polonia y Dinamarca.
Ha habido decenios en los que la hipótesis de partida de una ofensiva rusa sobre Europa occidental era la de un alud de carros de combate atravesando fronteras. Esa previsión varía hoy: se cree que cualquier ofensiva arrancará previa campaña híbrida de sabotajes… y con un posterior montón de misiles y drones en el aire.
Además del Llovizna de Indra, en el rearme español diversos proyectos están acudiendo a una carencia clave de las Fuerzas Armadas: drones que hagan frente a otros drones y misiles en la "defensa hard kill”, o sea, un dron pastor que salga en pos del dron lobo, lo golpee o lo destruya con una explosión.
Dos soldados del contingente Alfa Eco del Regimiento de Artillería Antiaérea 94 de Canarias operan con un cohete en una batería Nasams en Estonia en 2023. / ET - RAAA 94
Hay para estos desarrollos industriales la condición ineludible de ser baratos. Es por las lecciones de la guerra en Ucrania y en Irán: defenderse de los drones con misiles -Patriot, Nasams o de otro tipo- es prohibitivo, implica derrochar cohetes de un millón de euros contra drones de 40.000.
Es otra dimensión de la guerra........
