El dolor de Rafael Corral, presidente de la Casa de Ceuta en Barcelona: "Lo estoy viviendo muy mal, mi corazón está allí"
Testimonio desde Barcelona
El dolor de Rafael Corral, presidente de la Casa de Ceuta en Barcelona: "Lo estoy viviendo muy mal, mi corazón está allí"
El presidente de la Casa de Ceuta en Barcelona, cuenta cómo la llegada masiva de migrantes ha alterado la vida cotidiana de sus familiares y reclama una respuesta firme de las administraciones.
El dolor de Rafael Corral, presidente de la Casa de Ceuta en Barcelona: "Lo estoy viviendo muy mal, mi corazón está allí"
Gisela Macedo, Manu Mitru, Ana Puit, Bárbara Favant | EL PERIÓDICO
"Mi nieto se ha quedado sin parque para jugar. Mi niño se ha quedado sin playa para ir a bañarse". Rafael Corral Guerrero, de 76 años, habla desde Barcelona pero tiene, como él mismo dice, "la cabeza y el corazón en Ceuta". Lleva medio siglo viviendo en Catalunya y desde hace 26 años preside la Casa de Ceuta en Barcelona. Parte de su familia sigue en la ciudad autónoma: allí viven su hijo, su nieto, su hermano y sus sobrinos. Este pasado miércoles, 2 de septiembre, se celebró el Día de Ceuta, pero él, caballa de pura cepa, no tiene el ánimo para celebraciones.
El pasado 30 de julio, Corral quedó atrapado en una marea humana. Justo se encontraba en Ceuta de visita y, mientras iba en su coche, se encontró con la entrada masiva de personas por la frontera. "Era espantoso. Por todas las calles, gente y más gente". La imagen, cuenta, le recordó a la Rambla vista desde Canaletes: "Nada más que se veían cabezas". Entre la multitud vio a "niños de diez o doce años solos, empapados, vomitando", y también a personas mayores que habían ingerido demasiada agua durante la entrada por mar. "Fue espantoso ese día. Daban ganas de llorar", insiste.
Rafael Corral, presidente de la Casa de Ceuta en Barcelona / MANU MITRU
Corral recuerda cómo los ceutíes reaccionaron en aquel primer momento: "El pueblo de Ceuta se volcó. Todo el mundo les daba de comer, de beber y ropa. Yo mismo regalé camisetas y comida". Pero las semanas fueron pasando, y lo que empezó como una respuesta humanitaria ha terminado derivando en un colapso diario que ahoga a los vecinos.
"Miedo" en las calles y niños sin parque
No hay día en que el hombre no se ponga en contacto con sus familiares, y con su mujer, que ahora se encuentra allí con ellos. Ellos le explican cómo han cambiado hasta sus rutinas más cotidianas. Con los espacios públicos convertidos en campamentos improvisados que dejan parques y calles en un estado lamentable, las familias evitan salir solas. Para que los niños respiren un poco de aire libre, los padres se organizan en grupos: "Para ir a un parque tienen que hacer quedadas entre varios vecinos. La gente tiene miedo", explica, y añade: "Hay que salir con mucho cuidado. Ya ha habido episodios gravísimos y violaciones".
Al hablar de los suyos, la voz del presidente de la Casa de Ceuta se........
