Qué diría Cerdà sobre los ejes verdes: un libro monumental apunta varias respuestas
Qué diría Cerdà sobre los ejes verdes: un libro monumental apunta varias respuestas
Barcelona retoma (y van seis intentos ya) el reto de erigir un monumento a Cerdà
¿Dónde vivió Ildefons Cerdà? Raval, Gòtic y, por fin, en el Eixample
Consell de Cent, casi esquina con Llúria, el cruce en el que nació el Eixample. / JORDI COTRINA
Ildefons Cerdà tuvo en revelación, laica, por supuesto, en 1844. Asistió a la inauguración de un tramo de la línea de ferrocarril de la Compagnie du Midi. Él, que era de un pequeño pueblo, Centelles, se quedó maravillado ante aquel ingenio capaz de mover grandes cantidades de mercancías, donde, además, “iban y venían multitudes de viajeros que parecían poblaciones enteras ambulantes cambiando apresuradamente de domicilio”. Aquella epifanía es uno de los cimientos del Eixample, porque Cerdà comprendió que lo que hoy llamamos movilidad, que hasta tiene una concejalía propia en ciudades como Barcelona, sería uno de los pilares de las ciudades del futuro. Pero no el único. Acaban de publicar la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) y Abacus el más exhaustivo estudio sobre la vida y la obra del padre del Eixample, una obra con aproximaciones inéditas hasta la fecha.
Un libro monumental, adjetivo oportuno como nunca porque la semana que viene tiene previsto el Ayuntamiento de Barcelona anunciar el que será el sexto intento en 142 años de que Cerdà tenga un escultura que le honre ‘comme il faut’. Solo la tuvo 14 años, entre 1957 y 1971, en la siempre espantosa plaza que lleva su nombre.
De las 537 páginas en las que el ingeniero Francesc Magrinyà ha condensado esta biografía profesional y personal (Teoría Cerdà, la revolución urbana e industrial, ese es el título), la del episodio dedicado a Nimes es solo un apunte que da pie a abordar cómo aquella suerte de Charles Darwin del urbanismo trató de conciliar la necesidad de garantizar la movilidad en la nueva Barcelona sin que ello fuera en detrimento de la vida vecinal, una cuestión, resulta obvio, muy actual, porque aún resuenan los ecos de quienes poco antes de las últimas elecciones municipales denunciaban que los ejes verdes del Eixample eran poco menos que una traición a Cerdà y que, en resumen, se había roto la democrática igualdad de todas las calles, como si el paseo de Gràcia fuera, dicho con todos los respetos, equivalente a la calle de Castillejos.
Sin que ese sea el propósito del libro, el debate está ahí. Por una parte, porque subraya hasta qué nivel Cerdà insistió en que esta fuera una ciudad........
