Oriente Próximo se transforma tras un mes de la guerra iniciada por EEUU e Israel contra Irán
Oriente Próximo se transforma tras un mes de la guerra iniciada por EEUU e Israel contra Irán
Decenas de millones de personas dentro y fuera de la región aguardan un desarrollo positivo de las negociaciones entre Washington y Teherán que ponga fin a un conflicto devastador en términos humanitarios a nivel regional y económicos a nivel global
Un poster con el rostro del asesinado líder supremo de Irán, Alí Jameneí, frente a las ruinas de un edificio atacado por Israel en los suburbios del sur de Beirut. / AFP
Aunque no lo parezca, sólo ha pasado un mes desde el inicio de la guerra que ha sacudido el mundo entero. Apenas cuatro semanas desde el conflicto que ha revolucionado millones de vidas en Oriente Próximo y decenas de millones de carteras más allá de estas fronteras. Realidades inimaginables se han convertido en la tónica general de los telediarios: bombardeos estadounidenses sobre Irán, los paraísos del lujo del golfo Pérsico sitiados por agresiones diarias, la cúpula política del régimen de los ayatolás asesinada... En paralelo, otros escenarios conocidos —misiles iraníes contra ciudades israelíes, una nueva ofensiva militar contra el Líbano, con su correspondiente invasión terrestre— se han repetido, con la violencia multiplicándose a cada minuto.
Todo empezó el pasado 28 de febrero. Israel y Estados Unidos lanzaron una operación conjunta contra Irán, dinamitando las conversaciones entre Washington y Teherán que, según los mediadores, avanzaban positivamente. Ese mismo día asesinaron al ayatolá Alí Jameneí, el líder supremo iraní durante los últimos 37 años. Irán respondió de inmediato con el lanzamiento de drones y misiles contra los aliados estadounidenses en la región. Durante un mes entero y sin respiro alguno, Israel y los Estados árabes del golfo Pérsico, hogar de bases militares estadounidenses, han sido sometidos a una campaña continuada de bombardeos. Igual que el propio Irán, donde han muerto 1.900 personas, más de 20.000 han resultado heridas y 3,2 millones han sido desplazadas.
Un clérigo trabaja en la un edificio atacado en Teherán. / JAIME LEÓN / EFE
Dos días después, la milicia libanesa Hezbolá se unió a la agresión contra Israel en venganza por el asesinato de Jameneí. El lanzamiento de proyectiles desde territorio libanés ha provocado una respuesta brutal contra el país de los cedros. Al menos 1.142 personas han perdido la vida en menos de un mes, otras 3.315 han resultado heridas y alrededor de 1,2 millones han sido desplazadas. Los líderes israelíes han ordenado el desalojo forzado del 15% del Líbano, entre reclamaciones de ocupación y de convertir el país en Gaza si Hezbolá no se desarma. Los combates en el interior del país entre milicianos y soldados israelíes han provocado bajas en ambos bandos, mientras el Ejército libanés abandona sus posiciones.
En paralelo a toda esta violencia, la economía global está paralizada por el cierre del estrecho de Ormuz por parte de las autoridades iraníes. El precio del crudo no deja de aumentar a la vez que incrementa la presión sobre el presidente estadounidense, Donald Trump, para detener la guerra. Mientras Irán sigue sometido a duros bombardeos, las conversaciones indirectas entre Washington y Teherán despiertan las esperanzas para lograr un acuerdo que ponga fin al conflicto. "Irán está haciendo alarde de su poderío militar; en realidad, no es tan fuerte", afirma Nadim Shahidi, economista y columnista libanés. "Irán ha recibido un golpe muy duro, pero la cuestión es cómo ponerle fin de una manera que garantice la seguridad del Golfo", dice a EL PERIÓDICO. "La gente del Golfo debe estar muy preocupada porque ahora son rehenes de Irán", añade.
"Irán les envió un mensaje claro: "puedo atacaros cuando quiera", y están paralizados, y no pueden permitirse la inestabilidad", declara Shahidi, señalando la dependencia que tienen los países del Golfo de su imagen pública a nivel global. Desde el 28 de febrero, Irán ha atacado nueve países: Bahréin, Irak, Jordania, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudí, y Emiratos Árabes Unidos. Un dron iraní impactó una pista de aterrizaje en una base militar británica en Chipre. La mayoría de los ataques han sido interceptados. Donde ha habido más víctimas mortales ha sido en Irak, 96 en concreto, en ataques tanto iraníes contra bases estadounidenses como estadounidenses por la presencia de milicias iraquíes pro-iraníes en su territorio. "Los Emiratos son muy vulnerables", señala Shehadi. Allí ha habido 11 víctimas mortales y 169 heridos. El Ejército estadounidense ha sufrido 13 bajas.
Un yate en el puerto de Jebel Ali, en Dubái, frente a una columna de humo tras un bombardeo de Irán el pasado 1 de marzo. / FADEL SENNA / AFP
Por su parte, fuerzas estadounidenses e israelíes, han estado atacando Irán todo este mes, incluyendo objetivos nucleares, militares y civiles. "Al inicio de esta ofensiva Estados Unidos e Israel no anunciaron claramente cuáles eran sus objetivos", recuerda Shehadi. Primero, se habló de la voluntad de un cambio de régimen en Irán, aunque ese objetivo se ha ido olvidando. El primer ministro israelí, Binyamín Netanyahu, sigue aferrado a él. O llevar al país persa al caos y debilitarlo como potencia regional también le serviría. Por eso, ha centrado sus ataques en infraestructura energética clave que provoque una respuesta de la población civil que lleva al país a conflictos internos. "Antes del colapso de la Unión Soviética, nadie lo esperaba, ni tampoco el colapso del régimen iraní del shah, o del régimen del presidente sirio, Bashar el Asad", apunta Shehadi.
"Todavía es posible que algo suceda internamente en Irán, y creo que esa sería la mejor solución: que en Irán existiera un régimen que no fuera un régimen criminal que mantuviera a todos como rehenes", defiende este economista libanés. A Trump, un escenario así no le disgustaría, pero, por el momento, no parece ser su prioridad. Ahora mismo, es reabrir el estrecho de Ormuz y evitar hundir la economía global y la de sus votantes aún más por una guerra que responde más a los objetivos de Netanyahu que a los suyos propios. Por ello, el presidente estadounidense va lanzando ultimátums a Teherán y defiende unas negociaciones que Irán reivindica que no sean bajo fuego cruzado. Mientras estas no se resuelven, la gran duda es hasta cuándo puede durar esta ofensiva a gran escala. Irán está aislado y no puede recibir más arsenal del que ya tiene.
Ciudadanos de Tel Aviv se refugian de las bombas de Irán en el párking del Dizengoff Center, uno de los centros comerciales más conocidos de la ciudad. / MAGDA GIBELLI / EFE
Riesgo para el orden jurídico internacional
Israel ha afirmado esta semana a su socio estadounidense que se está quedando con una cantidad críticamente baja de interceptores de misiles balísticos. Ya entró en la guerra actual con un número reducido de interceptores, que fueron disparados durante el conflicto con Irán el verano pasado, según han declarado funcionarios estadounidenses al medio digital Semafor. A su vez, la población israelí está agotada. Pese a su apoyo mayoritario a la ofensiva, llevan semanas con su vida cotidiana completamente alterada, bajando a los refugios antiaéreos casi cada hora. El otro escenario es el Líbano. Allí, el Ejército israelí ha lanzado una invasión con la intención declarada de vaciar el sur del país 30 kilómetros al norte de su frontera compartida.
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"La propagación geográfica, la velocidad de la escalada y el flagrante desprecio por las normas internacionales constituyen una prueba de estrés crítica para el orden jurídico internacional creado para proteger a los civiles durante los conflictos armados"Human Rights Watch
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"Si no se llega a un acuerdo entre Líbano e Israel que garantice la seguridad de los colonos del norte de Israel, nada impedirá que los israelíes exijan una zona de amortiguación, lo cual es peor que una ocupación", declara Shehadi, como la que hubo entre 1978 y 2000. "Ahora pretenden despoblar la región, destruirla por completo y crear una zona de amortiguación; por lo tanto, es urgente que el Gobierno libanés actúe de inmediato", afirma. Las consecuencias de este conflicto van mucho más allá del presente para todas las partes. Human Rights Watch ha denunciado que "la propagación geográfica, la velocidad de la escalada y el flagrante desprecio por las normas internacionales constituyen una prueba de estrés crítica para el orden jurídico internacional creado para proteger a los civiles durante los conflictos armados".
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