Malditas sean las guerras
Malditas sean las guerras
Las cuestiones éticas que plantea el ataque de Estados Unidos e Israel contra el régimen de los ayatolás
Me dan mucha envidia esas personas que lo tienen tan claro. Esos que dicen que ya era hora de que la tiranía del régimen islámico recibiera su merecido y que todos esos misiles que vemos caer sobre Teherán bien empleados están. O esos otros que sostienen que con violencia no, que con los ayatolás hay que conversar, convencerles de que están equivocados y de que tienen que dar libertad a su pueblo.
Ante un acontecimiento tan terrible, como lo es una guerra, se nos exige que nos pronunciemos. Que nos decantemos hacia un contendiente o hacia su enemigo. "¿Tú con quién estás?". Como si fuera un juego de niños ante una confrontación deportiva: "¿Y tú con quién vas?". Tienes que elegir bando. No vale responder "con ninguno".
Es muy fácil decir ahora, tantos años después, pronunciarse a favor de los aliados. Es muy fácil dejar al canciller Chamberlain como un cobarde por su política de apaciguamiento y por sus baldíos intentos de negociación cuando ya sabemos que terminaron en guerra. En cambio, no era tan fácil, en los años 70 y 80, tomar partido contra la revolución islámica. Hasta nos la tomábamos a broma. Cantábamos "Gran ganga, gran ganga, gran ganga... soy de Teherán" o "Ayatolá no me toques la pirola".
Ahora nos encontramos con una disyuntiva especialmente difícil. Aquí el dilema no es si se está con........
