La política de la crueldad
Opinión | Décima avenida
La política de la crueldad
Los últimos días de vida de Maricarmen han puesto de manifiesto que la crueldad se ha normalizado en la conversación pública, que humillar al adversario y a los símbolos de sus políticas, aunque sean personas vulnerables, ya no es un exceso vergonzante, sino una estrategia política y comunicativa
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Demasiado a menudo nuestra conversación política se asemeja a lo que sucedía en un rincón del patio del colegio, cuando cuatro, cinco o seis valientes rodeaban al chaval enclenque, con gafas de culo de botella, para divertirse a costa de su vulnerabilidad. Los matones buscaban las risotadas de sus compañeros y la humillación de su víctima. Algunos de estos matones han crecido, ocupan escaños y cargos institucionales, o son gurús comunicativos, o 'influencers' y tertulianos, tienen miles de seguidores en las redes sociales y han convertido la crueldad en una herramienta legítima de la competición política que se aplaude y se premia. Se alardea.
En la polarización extrema que vivimos, destrozar al adversario, o a cualquiera de sus símbolos, es lícito. Es una estrategia comunicativa construida sobre los zascas, las verdades como puños y la retórica de las redes sociales sector barra de bar cutre. Una forma de convertir a los políticos en gente normal, pero por abajo, por la alcantarilla. Es una política muy testosterónica, aunque la practiquen hombres y mujeres, que busca la carcajada cómplice de los propios y la indignación de los contrarios. Cuanto más cruel sea la ocurrencia, mayor su impacto. La humillación se ha convertido en una........
