Juanita
Juanita llegó a La Paz con cinco años para ayudar – así se decía del trabajo infantil- a su tía en el mercado, pero era muy traviesa y se iba al puesto que quedaba a media cuadra donde vendían casetes de música peruana, porque ella era de Moho y sabía cantar huayños y otros ritmos de su pueblo. La tía la devolvió porque no era de mucha ayuda y su madre la llevó a probar suerte con una comadre que le enseñó a cocinar, lavar ropa y limpiar la casa. Al principio su mamá la visitaba, pero con el tiempo solo venía a “colocar” alguna de sus siete wawas y a abrazar a la Juanita que además de los consabidos huayñitos ya sabía las letras de la lambada y otros ritmos tropicales. Cuando le vino su primera regla ya estaba trabajando en la casa de una señora “bien”, de esas que entonces cargaban unos celulares como ladrillo; la patrona le dijo que si se portaba bien la llevaría a hacer su primera comunión lo que la ilusionó. Tenía un sueldo, que guardaba en un cupido de yeso; un día, antes de la comunión, Juanita lo rompió y sacó trecientos bolivianos en billetes pequeños, la mayoría azules de diez, unos pocos anaranjados de veinte más algunas monedas de cinco. Nunca vio tanto dinero junto razón de........
