Pasión según San Mateo
Acercarse a la Pasión según San Mateo de Johann Sebastián Bach no significa simplemente escuchar una obra sacra. Significa cruzar un umbral: entrar en un territorio donde el dolor, la culpa, la compasión, el sacrificio y la esperanza adquieren una dimensión musical extraordinaria. Escrita para la liturgia del Viernes Santo en la iglesia de Santo Tomás de Leipzig, la Pasión narra, a través del Evangelio según san Mateo, las últimas horas de Jesús: la traición, el juicio, la negación de Pedro, la condena, la crucifixión y el entierro. Pero Bach hace algo mucho más profundo que ilustrar una historia bíblica: convierte el relato en una experiencia de contemplación.
Dos coros y dos conjuntos instrumentales dialogan a lo largo de la obra; el Evangelista relata los acontecimientos; Jesús habla con una serenidad sobrehumana; los personajes intervienen en el drama, mientras las arias y los corales detienen la acción para permitirnos mirar hacia nuestro propio interior. Por eso escuchar la Pasión según San Mateo es realizar un recorrido. Y conviene hacerlo sin prisa.
Desde los primeros compases, Bach nos coloca frente al misterio. “Kommt, ihr Töchter, helft mir klagen” - “Venid, hijas, ayudadme a lamentar”. El monumental coro inicial parece avanzar lentamente hacia nosotros. Los dos coros se preguntan y se responden sobre el movimiento incesante de la orquesta, mientras el coro de ripieno entona el coral “O Lamm Gottes, unschuldig”. La sensación es sobrecogedora: Cristo camina hacia el sacrificio mientras la humanidad contempla, pregunta y lamenta.
No estamos todavía ante la cruz. Estamos ante su inminencia.
Después del inmenso coro, la música se recoge. Aparece el Evangelista, cuya voz de tenor relata los acontecimientos con claridad y sentido dramático. Y entonces habla Jesús. Sus palabras están rodeadas por el sonido sostenido de las cuerdas, creando ese célebre halo que parece separarlo del resto de los personajes. No hace falta que Bach explique musicalmente que Jesús es diferente. Lo escuchamos. Mientras el mundo exterior se agita, su voz permanece serena.
A medida que avanza la narración, Bach detiene el tiempo. Las arias permiten que el oyente deje de ser espectador para convertirse en interioridad. “Blute nur, du liebes Herz!” — ¡Sangra, querido corazón!”. La soprano contempla el dolor que se aproxima y lo transforma en una reflexión íntima. El violín solista se desliza alrededor........
