La epifanía de la música
14 de ene de 2026, 01:56 a. m.
Actualizado el 14 de ene de 2026, 01:56 a. m.
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El 6 de enero el mundo católico celebra la llegada de los Reyes Magos: la Epifanía, la manifestación de Jesucristo, que sale al encuentro del hombre. No se trata solo de un acontecimiento histórico o litúrgico, sino de una revelación: la luz que se ofrece a todos los pueblos. De modo análogo, la gran música de la tradición occidental ofrece epifanías sonoras, momentos en los que la belleza se manifiesta con tal claridad que el oyente percibe algo que lo trasciende.
Escuchar a los grandes maestros no es únicamente un deleite estético. Es un acto de contemplación académica y espiritual, en el que la inteligencia, la sensibilidad y el espíritu se abren a un orden superior. Cada composición auténtica es una manifestación de armonía y pureza, un encuentro entre lo que el oyente es y aquello que la obra revela. La estructura, el desarrollo temático y la arquitectura interna no son artificios: son signos visibles de una inteligencia ordenadora y de una sensibilidad capaz de traducir lo invisible en sonido. La música se convierte así en adoración, en epifanía del espíritu.
Un ejemplo supremo de esta revelación es Spem in alium, de Thomas Tallis. Esta obra monumental, escrita para cuarenta voces distribuidas en ocho coros, es una de las cumbres absolutas del arte humano. Aquí la música no busca el efecto: hace visible lo invisible. Las voces no se superponen caóticamente, sino que emergen y se repliegan como si la luz circulara por el........
