El espectro de la ¨falsa denuncia¨
El debate sobre la Ley Brisa ha sido desplazado hacia el terreno más irrelevante y periférico: el argumento de las ‘falsas denuncias’ como eje central de la oposición a la norma. La existencia de denuncias falsas es una realidad con la que el sistema de justicia en Bolivia ya convive en todas las áreas del derecho.
Tal es el caso del delito de estafa en el que un porcentaje de denuncias son en realidad, deudas civiles forzadas a la vía penal para presionar el pago mediante la amenaza de cárcel. Hasta donde se conoce, nadie ha iniciado una campaña para derogar el delito de estafa solo porque algunos prestamistas mientan para meter a la cárcel a sus deudores. Esta lógica se repite en el ámbito laboral: las trabajadoras del hogar son muchas veces, amenazadas con falsas denuncias de robo para evitar el pago de salarios o finiquitos. En estos casos la sociedad no criminaliza a todos los empleadores ni cuestiona la existencia del derecho laboral.
Estamos en realidad ante la instrumentalización del argumento de la falsa denuncia, solamente para delitos de violencia hacia las mujeres y la niñez. Este fenómeno tiene un nombre: selectividad punitiva.
Elsa Dorlin dice que, lo que realmente está en disputa detrás de las mal llamadas “falsas denuncias” es quiénes tienen derecho a hablar y defenderse y quiénes no.
¿Por qué la preocupación por la falsedad solo surge cuando el bien jurídico protegido es el cuerpo de una mujer o de un niño? El sistema es tolerante con la mentira cuando se trata del patrimonio, pero ante el abuso sobre el cuerpo de un niño, niña o una mujer, la mirada es otra: la sospecha sobre la víctima se convierte en doctrina. El interés real está colocado en mantener estructuras de control.
La fabricación de un fantasma:
Hay una forma del nombrar que no busca la verdad, sino el espanto. Quienes hoy rugen contra la Ley Brisa han montado un relato de sospecha en el que cualquier varón es una potencial víctima de la cárcel. Han instalado una fábula cruel: la idea de que ser hombre es ahora un estado de riesgo.
Es importante recordar que la ley juzga a las personas por sus actos y NO por QUIENES SON. La ley Brisa se basa en la vulnerabilidad extrema de los infantes, niños, niñas y adolescentes. Busca justicia para las víctimas, no la persecución de un género. No se trata de quién es el agresor, sino de quién es la víctima. El resto es ruido de fondo para que nada cambie
Si una sociedad entera no comprende que el centro de una norma es el derecho de niños y niñas a la protección, habremos descendido a la ley de la selva. Allí donde las hienas acechan los primeros momentos de vida de una cría, atacando cuando todavía no puede ponerse de pie ni correr.
En estos días está circulado la entrevista a un agresor sexual. Pretender convertir a un violador en una figura de heroísmo es éticamente inconcebible. Así de sórdida es la campaña de blanqueo de los abusadores sexuales de niñas.
