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Cuando el Día del Padre cuenta

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19.03.2026

Cuando era chango nunca me importó el Día del Padre como fecha específica. Lo que más recuerdo de esas épocas es la canción de Piero “Viejo mi querido viejo”. Más de una vez me puse a llorar al escucharla pensando en mi padre, cada vez más lento y más acabado. Incluso cuando me hice adulto y tuve mis hijos consideraba el Día del Padre como una convención social de poco mérito. Las famosas salteñas con su sodita negra es un estereotipo del que cualquier hombre que conozco se hace la burla con una parte de picardía y otra parte de amargura. No saben cuán humillante es someterse a ese ritual absurdo. Porque, al final de cuentas, yo sabía que el día del padre no era el 19 de marzo, sino todos los días. No es necesario tener un día para celebrar tu paternidad, padre sos todos los días. Hasta que ya no.

Mi primer Día del Padre que realmente significó algo para mí fue cuando ya no tuve a mis hijos conmigo. Eso fue hace poco, no más de tres años atrás. Pero el que me llamó la atención fue hace dos años atrás, y de nuevo el año pasado. Recién entonces me hice conciente de una serie de feeds en mis redes sociales dirigidos a los padres divorciados, exigiendo el pago de pensiones. Yo nunca les hubiera dado mucha atención, solo que esta vez me tocaron cerca: ese había sido el argumento que utilizó agresivamente la abogada, incluso a contrasentido de lo acordado con mi mujer, para agredirme en la lucha por la custodia de mis hijos.

No sé si ustedes vieron esos memes. Tal vez incluso los compartieron inocentemente, creyendo que estaban ayudando a las mujeres. Yo también lo hice. Pero déjenme decirles que se siente feo cuando estás al otro lado. Pero te callas, porque tienen razón: si eres padre separado, tienes que pagar asistencia familiar, no hay de otra. Pero algo sonaba fuera de lugar, así que empecé a prestar mayor atención a lo que decían: Que felicidades a las madres que son padres y madres a la vez, que no te puedes llamar padre si no te haces cargo de tus hijos, que pagá tu asistencia familiar, que padre irresponsable, abusivo, violento, que los padres que abandonan a sus hijos. Y que no te quejes si te quitan a tus hijos.

Entonces se me encendió la luz, aunque para eso tuvo que pasar más de un año: las víctimas siempre eran las mujeres y los hombres siempre los malos. Y no solo eso, sino que -muy convenientemente- callaban la única gran problemática de los hombres como padres divorciados: la ausencia de los hijos. Hasta inclusive (y esto reconozco que tienes que ser padre separado para darte cuenta) adjudicándose la paternidad del padre “ausente”. Entonces se empezó a armar la imagen en mi cabeza, y tuve que darme cuenta de la extrema crueldad de estos mensajes, especialmente al ser usados como campaña coordinada para aparecer precisamente en el Día del Padre con una intensidad especialmente agresiva. Y de eso es lo que les quiero hablar, de la problematica de los hijos ausentes para los padres divorciados de la que no se habla.

Los padres divorciados son enormes cantidades, pero no te das cuenta hasta que vos mismo te conviertes en uno. Porque el dolor, la humillación y la vulnerabilidad que implica el proceso de separación es inmensa. Aprendes a no contarlo a riesgo de que te tomen por loco e inestable (eso te perjudica en la corte). Incluso tus mejores amigos, que en algún momento te apoyaron, se convierten en completos extraños. No pueden comprender ni aguantar el dolor que te acompaña. Y en cambio te vas enterando de historias de terror de otros padres divorciados. Tu círculo de apoyo desaparece.

Me parece que nuestra sociedad no les reconoce a los padres la intensidad del amor que sienten por sus hijos y el dolor que les causa la separación. La cantidad de suicidios masculinos luego de un divorcio con separación de hijos es altísima (nueve veces más alta entre hombres que entre mujeres). Si eso sirve de medida, lo menos que tenemos es una profunda crisis de sufrimiento masculino relacionada de manera directa al proceso de divorcio y la separación -muchas veces forzosa- de sus hijos. Algunos lo sobreviven, otros no; unos mejor, otros peor.

Y eso es lo que una campaña de este tipo, unilateral, concentrada y agresiva invisibiliza. Existe un correlato de tipo estructural que se reproduce en la legislación que norma los procesos de divorcio y, especialmente, los procesos de guarda y custodia: hay leyes que protegen a las mujeres pero no a los hombres. Un ejemplo de ello es el tema de la alienación parental, que es la manipulación para separar a los hijos de sus padres (esto no pasa solamente solamente con los hombres, pero se suele pensar que sí). Esta es una de las pocas figuras legales que podrían utilizarse a favor de los padres, pero no está normada y existe una campaña a nivel mundial para desconocerla a favor de formas legales que protejan exclusivamente a las mujeres. Existen innumerables estrategias para denegarle el acceso de los hijos a los padres, una de las cuales es el tema de la pensión familiar, que es obligatoria. O la presunción de culpabilidad que se aplica ante cualquier acusación de violencia o abuso familiar.

Dicen que lo simbólico importa, y como nunca me encuentro con un Día del Padre cargado de cuestiones relacionadas de manera directa con la noción misma de mi paternidad. Se me ocurre que este es un momento particular para llamar la atención sobre una problemática real y cotidiana de nuestra sociedad que afecta de manera desproporcionada a los hombres y a sus hijos. Me parece que este Día del Padre, ahora sí, es un buen momento para celebrar la paternidad como concepto universal.


© El País