Cuando el mundo decidió encontrarse
El fútbol es un pretexto para la alegría. Esa es la sensación que siempre me ha dejado la obra de Eduardo Galeano. Aunque no soy una gran conocedora de este deporte, al terminar la Copa Mundial comprendí que el verdadero espectáculo no estaba solo en la cancha, sino también en las personas.
Durante varias semanas el mundo pareció latir al mismo ritmo. En hogares, parques, plazas, clubes, cafés, restaurantes y espacios públicos, familias, amigos e incluso desconocidos hicieron una pausa en sus rutinas para compartir una misma emoción. Por unas horas, las preocupaciones cedieron su lugar a la ilusión y la esperanza.
Confieso que apenas vi algunos partidos: los de Colombia y los cuartos de final. Sin embargo, lo que realmente captó mi atención no fueron los goles ni los resultados, sino lo que ocurría alrededor de ellos.
Los estadios eran un reflejo de esa maravillosa diversidad humana. Repletos de niños, jóvenes, adultos y personas mayores, reunían a miles de aficionados unidos por una misma pasión. Vestían camisetas de diferentes........
