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Un refugio para el alma

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05.09.2026

Esquivo, en la medida de lo humanamente posible, los eventos sociales para devolver atenciones a los cuales van muchos invitados con los que se tiene muy poco en común (por fortuna, ya casi no me invitan). Trato de evitar también los restaurantes acústicamente insoportables en los que, además de una música a unos volúmenes absurdos, el alto tono de voz de los comensales de otras mesas hacen, para mi gusto, el ambiente bastante desagradable.

Cada vez aprecio más el silencio porque es la oportunidad para escuchar mi propia voz interior, mis propios pensamientos y mis emociones. El silencio se ha ido convirtiendo cada vez más en un momento para la reflexión, la introspección y la conexión conmigo mismo. Tal vez por eso disfruto de las reuniones........

© El País