El destino de un demonio
No fue fácil. Se luchó durante cuatro años contra todos los vicios de una democracia cansada y ultrajada, bajo un gobierno de oprobio y maldición. Se arruinó el presupuesto nacional con un gasto público abusivo, que no buscaba equilibrio y progreso sino la compra colectiva de votos con dádivas que ultrajaron las reglas republicanas del gasto público y desataron en cadena los efectos de una dictadura -que así lo fue-, en busca de la satisfacción del superego de un señor de pasado nefando, que había secuestrado y asesinado, como un guerrillero ululante, en medio de la locura del odio de clases y la revolución desbocada de un marxismo-leninismo trasnochado, pero conocido malamente por la historia reciente de unos pueblos que fueron desgraciados.
Ese personaje de grandes creencias en su propio ego, se llama Gustavo Petro Urrego; quien ahora pasará a otro tipo de vida, sin las adulaciones de unos súbditos que desfalcaron el erario público........
