Ecos de un temblor
El primer temblor que sentí fue hace muchos años. En la Costa Caribe jamás temblaba. Estudiaba Medicina en la Universidad del Cauca, en Popayán; estaba en segundo año. Una compañera, María Eugenia Caro, a quien recuerdo con cariño, me invitó a estudiar en la biblioteca. El piso era de madera y comenzó a traquear.
Las mujeres, y ciertos animales, tienen un sexto sentido o una premonición para sentir antes un temblor. Ella salió corriendo. Yo me aterré por su comportamiento; sentía que algo sucedía. Me gritaba: “¡Joaquín, por favor, salga!”. Extrañado, le pregunté: “¿Qué pasó?”. Y me respondió: “¿Usted es bobo? ¡Tembló duro!”.
Desde esa época he sobrevivido, sin problemas, a diferentes sismos en Colombia y en el exterior. Pero el día de ayer todo fue diferente y estresante.
Estábamos operando a una paciente con una patología complicada, en compañía de mi hijo Andrés, mi anestesiólogo, a quien queremos mucho, y del doctor Peña, un eminente alumno. Estábamos en la Clínica Farallones.
Andrés me dijo:........
