Pasajeros anónimos de un no-lugar
Mi hijo —que nos llevó al aeropuerto— me sugirió que escriba una segunda parte de Habitando no-lugares, aquel artículo de septiembre de 2024. Esta vez, el desafío no era el espacio, sino sus ocupantes. “Mirá alrededor”, me dijo, como quien invita a levantar la vista del libro, del celular y a recuperar el viejo oficio de observar.
Un no-lugar es un espacio intercambiable donde el ser humano permanece anónimo: aeropuertos, clínicas, hospitales, autopistas, hoteles, supermercados, salas de espera. Sitios donde estamos, pero no somos; donde pasamos sin dejar huella y la historia personal queda en modo avión.
Siempre que viajo —por tierra, mar o aire— llevo un libro conmigo. Por dos razones: para que, mientras el cuerpo se traslada, la mente haga su propio recorrido; y para levantar una muralla educada contra los conversadores seriales, esos que confiesan su vida a desconocidos y luego piden devolución. Un libro es transporte mental y biombo social.
Esta vez no leí. Le hice caso a mi hijo y me dediqué a tomar apuntes mentales de quienes habitaban ese no-lugar.
Estaban los adultos mayores que viajaban por primera........
