menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Épica

12 0
08.04.2026

Está claro que la operación Furia Épica ya se encuentra inscrita en la antología de los fenómenos estratégicos contundentes.

Por supuesto, un muy buen indicador de logro de esa operación sería instalar en Teherán un gobierno al estilo de la Dulce Delcy en Caracas.

Obviamente, EEUU e Israel han venido explorando varias alternativas al respecto: unas desde adentro; otras, desde el exterior; y otras a partir del propio régimen.

Y, sin embargo, el factor decisivo de la victoria no reside en esa transición, por muy parecida que sea a la de Roma, Berlín o, sobre todo, a la de Tokio, tras la Segunda Guerra. 

Reside en algo muy similar a lo que llamaremos ‘modelo del Pacto de Varsovia’.

Con base en la Doctrina Breznev, si alguno de los miembros de ese Pacto pretendía desligarse, era automáticamente reconducido por las tropas rusas y por sus propios hermanos socialistas.

De tal manera, tanto paradójica como progresivamente, todos ellos fueron entendiendo que sus verdaderos enemigos no estaban en Washington sino en el propio Kremlin.

Precisamente por eso, el derrumbamiento del muro de Berlín fue un acto liberador que los llevó, unánime e instantáneamente a vincularse a la Alianza Atlántica, liderada por los Estados Unidos, olvidándose para siempre de Moscú.

Semejante traslación estratégica, como ninguna en la historia, fue el verdadero factor explicativo de la derrota rusa y de la victoria Occidental.

Por analogía, lo mismo está sucediendo en Medio Oriente.

Así como la Doctrina Breznev prosternaba a los países de la Cortina de Hierro ante el despotismo moscovita, la Guardia Revolucionaria Persa respondió a las actuales operaciones combinadas de Washington y Jerusalén … bombardeando a sus propios hermanos de Bahréin, Qatar, Omán, o los Emiratos Árabes Unidos.

Así que, amparados en los Acuerdos de Abraham y, sobre todo, en la ¡paradigmática! Resolución 2803 emanada del Consejo de Seguridad de la ONU el pasado 17 de noviembre, los países musulmanes -árabes o no-, entendieron que el verdadero foco de violencia y opresión desde el 7-O-23 no era Jerusalén sino Teherán en su triple rol de líder del Eje de la Resistencia, promotor del terrorismo y aspirante a hegemón mediante la propagación de inestabilidad y desazón.

De tal modo, los hutíes de Yemen, el Hizbolá del Líbano y el Hamás de Palestina no son hoy más que los parias regionales, esto es, las marionetas rotas del fallido expansionismo chiíta.

En resumen, las opciones que tienen los persas son incontestablemente claras : si no cooperan en la construcción de un sistema político que deje de patrocinar el terrorismo, y si no desmantelan su proyecto nuclear, así como la panoplia de misiles que les quede, ya saben lo que les espera.

Como también lo sabe la Dulce Delcy, claro está.


© El Nuevo Siglo Bogotá