Liderazgo
Los terremotos, o cualquier otra situación de desastre, además de poner a prueba la resistencia de los edificios, revelan la calidad moral de los liderazgos.
Cuando la tierra tiembla, dejan de importar los discursos grandilocuentes, las arengas, las disputas políticas y las demostraciones de fuerza. Lo único que permanece es la capacidad de un dirigente para transmitir serenidad, organizar la respuesta y hacer que quienes lo han perdido todo sientan que no están solos. Esa es la primera obligación del liderazgo en una tragedia nacional.
Con frecuencia escuchamos a asesores políticos repetir que la política consiste en mover emociones. Difícilmente encontrarán un escenario de mayor emocionalidad que el que vive un país después de un terremoto. En esas horas todos somos emoción antes que raciocinio. Somos incertidumbre y miedo. Somos alivio cuando aparece un sobreviviente y esperanza, cuando sentimos que muchos nos acompañamos. El liderazgo no necesita fabricar emociones.........
