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Vulneran derechos y libertades

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En 1948 fue proclamada la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que hoy -para algunos de los firmantes- no existe, no obliga, no importa. Ello es ostensible no solamente en lo que toca con la vigencia y la observancia del Derecho Internacional, cuyas reglas están siendo ignoradas a diario en Gaza, en Irán, en el Líbano. Las libertades son vulneradas cada vez con mayor frecuencia. El número de derechos violados aumenta, en total impunidad, a ciencia y paciencia de la comunidad internacional.

Expresó el documento: “La Asamblea General proclama la presente Declaración Universal de los Derechos Humanos como ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos, tanto entre los pueblos de los Estados Miembros como entre los de los territorios colocados bajo su jurisdicción”.

En su artículo 2 puede leerse: “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”.

Según el artículo 4, nadie, en ninguna parte, puede ser sometido a la esclavitud ni a la servidumbre. La esclavitud, la trata de esclavos y la servidumbre están prohibidas de manera terminante “en todas sus formas”.

El artículo 18 dice que toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia, de religión y de cultos, a lo cual agrega que toda persona tiene derecho esencial a profesar su religión, a cambiar de religión o de creencia, y goza de la libertad de “manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia”.

Frente a eso, mencionamos apenas casos recientes:

-La Asamblea General de la ONU declara en reciente resolución que la trata de esclavos africanos es “el crimen más grave contra la humanidad” y exige no solamente que semejante práctica cese en todo el mundo -como debe ser, a la luz del Derecho Internacional - sino que haya pasos concretos y reales “hacia la reparación de injusticias históricas”. Una iniciativa tan ajustada al ordenamiento jurídico internacional, a los derechos esenciales y a su protección, ha sido aprobada con ciento veintitrés votos a favor, pero -inexplicablemente- tres en contra -Estados Unidos, Israel y Argentina- y muchas abstenciones. ¿Apoyan la esclavitud?

-La policía israelita acaba de impedir al Cardenal Pizzaballa -Patriarca católico de Jerusalén- ingresar a la Iglesia del Santo Sepulcro para celebrar la misa del Domingo de Ramos, correspondiente al inicio de la Semana Santa. Un bloqueo inadmisible que impidió una tradicional celebración, afectando ostensiblemente la libertad de cultos, la de conciencia y el ejercicio del derecho de los feligreses. Grave vulneración de las normas internacionales.

 -Ahora resulta que Israel instaura la pena de muerte, por ahorcamiento, solamente para palestinos. Una barbaridad. ¿Qué dice la comunidad internacional?  ¿Qué dice la ONU?


© El Nuevo Siglo Bogotá