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Ni esperanza ni reconciliación

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A pocos días de que se abran las urnas para la primera vuelta presidencial el panorama es francamente desalentador empeorado por una ostensible crispación. En el trasfondo gravita el ocaso de un gobierno sin grandeza que no orientó a su pueblo hacia la reconciliación por sendas de laboriosidad, salubridad, seguridad, educación y concordia. Por el contrario, uno de los principales legados de Petro es entregar un país profundamente dividido y altamente ideologizado. Tanto así que en la campaña presidencial estamos a punto de cruzar un peligroso punto de no retorno por estarnos perdiendo en confrontaciones verbales e incluso físicas absurdas, centradas en personas y proyectos ideológicos que miran el país desde la estrecha visión de las heridas de su propia vida.

Se ha conformado así un contexto maniqueísta donde más que ideas o propuestas afloran emociones que dan pie a una tóxica polarización contraria a todo propósito común. Lo cierto es que los ciudadanos de a pie están padeciendo los efectos disolventes de una política sin la grandeza que convoque a la esperanza y la reconciliación.

Aún más, lo que se está viviendo en la campaña........

© El Nuevo Siglo Bogotá