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A propósito de la falla, los incendios y otros demonios

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30.08.2026

Hay ciudades que construyen su futuro mirando solamente hacia adelante. Y hay otras que, antes de hacerlo, aprenden a mirar hacia los lados: hacia sus montañas, sus ríos, sus quebradas, sus bosques, sus suelos y hacia las relaciones que existen entre quienes habitan el territorio.

Ibagué necesita hacer esa segunda mirada.

Un reciente trabajo de CAF y la Pontificia Universidad Católica del Ecuador sobre las llamadas BiodiverCiudades plantea una idea que, aunque parece sencilla, puede cambiar la manera como pensamos nuestra ciudad: la biodiversidad no debe ser considerada un asunto exclusivamente ambiental. Debe convertirse en un elemento estructurante de la planificación urbana.

Esto significa entender que una ciudad no termina donde termina el pavimento.

Ibagué tiene una condición territorial privilegiada. Está ubicada entre la cordillera Central y el valle del Magdalena, tiene una extraordinaria riqueza hídrica, una relación directa con el Cañón del Combeima y con el Parque Nacional Natural Los Nevados, además de una extensa zona rural que hace parte de la economía y de la identidad de la ciudad.

Sin embargo, durante mucho tiempo hemos pensado a Ibagué como una ciudad separada de ese territorio.

Construimos barrios, vías y equipamientos; hablamos de expansión urbana, movilidad y vivienda. Pero pocas veces pensamos........

© El Nuevo Día