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El problema no es la edad, es el edadismo

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09.07.2026

No se trata de negar que el envejecimiento trae desafíos. Las enfermedades existen, la dependencia existe y muchas personas necesitarán apoyos.

La evidencia científica acumulada durante la última década muestra que el edadismo no solo discrimina a las personas mayores. También modifica su comportamiento, deteriora su salud, favorece la dependencia y aumenta los costos para los sistemas sanitarios. Combatirlo ya no es solo una cuestión de derechos; es una prioridad de salud pública para las sociedades longevas.

Cuando pensamos en las amenazas del envejecimiento solemos imaginar enfermedades, dependencia o fragilidad. Sin embargo, una de las más peligrosas no aparece en ningún examen médico. Vive en las palabras con las que hablamos de la vejez, en las expectativas que construimos sobre ella y en los prejuicios que terminan convenciendo a las propias personas mayores de que ya no pueden hacer aquello que todavía son perfectamente capaces de hacer. Ese fenómeno tiene un nombre: edadismo.

Durante mucho tiempo lo entendimos únicamente como una forma de discriminación. Hoy la evidencia científica ha ampliado radicalmente esa comprensión. Investigaciones desarrolladas por la Universidad de Yale, la Universidad de Harvard, el Stanford Center on Longevity y la Organización Mundial de la Salud muestran que el edadismo no solo vulnera derechos. También cambia la forma en que las personas envejecen. Los mensajes negativos sobre la vejez modifican expectativas; las expectativas modifican conductas; y esas conductas terminan influyendo en la salud, la autonomía y la participación social.

La Organización Mundial de la Salud dio una señal inequívoca cuando publicó su Informe Mundial sobre Edadismo. Sus cifras son tan elocuentes como preocupantes: una de cada dos personas en el mundo mantiene actitudes edadistas hacia las personas mayores, mientras una de cada tres personas mayores declara haber experimentado discriminación por su edad. Pero quizás la principal contribución del informe no sean esas cifras, sino una idea mucho más profunda: el edadismo acorta la vida, deteriora la salud física y mental, incrementa la soledad, limita el acceso a oportunidades y genera costos económicos evitables. En otras palabras, no estamos únicamente frente a un problema........

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