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Liderazgo político y estabilidad emocional: una urgencia silenciosa

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03.02.2026

Normalizar liderazgos con fragilidad emocional estructural pone en riesgo la posibilidad de construir proyectos colectivos estables.

Desde la psiquiatría sabemos que no toda conducta visible es sinónimo de fortaleza, ni toda seguridad discursiva expresa convicción real. Sin embargo, en la política contemporánea pareciera haberse invertido el criterio: se premia la impulsividad, la agresividad y la simplificación extrema como señales de liderazgo.

Como profesional de la salud mental, me preocupa que estemos dejando de reconocer algo elemental: que la estabilidad emocional mínima no es un lujo moral, sino una condición básica para gobernar sociedades complejas.

No se trata de patologizar la política ni de exigir líderes sin conflictos internos. Se trata de comprender que ciertos rasgos de personalidad, cuando dominan el ejercicio del poder, deterioran la capacidad de pensar en colectivo.

El psiquiatra Otto Kernberg, uno de los principales teóricos contemporáneos del narcisismo, ha descrito cómo en las organizaciones narcisistas de la personalidad el yo se estructura en torno a una autoimagen grandiosa, frágil y dependiente de validación constante, con una marcada dificultad para integrar la ambivalencia, tolerar la crítica y reconocer límites. Cuando este tipo de funcionamiento se traslada al espacio del poder, la política deja de ser un espacio de deliberación y pasa a convertirse en un escenario de........

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