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Colonia Dignidad: lo que se intenta borrar y lo que no se puede destruir

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24.04.2026

Los intentos más significativos –desde el Gobierno del expresidente Aylwin hasta la reciente iniciativa del expresidente Boric– han fracasado. Y ese fracaso no es casual: demuestra que el poder de Colonia Dignidad no es un vestigio del pasado, sino una estructura que sigue operando en el presente.

En las últimas semanas nos hemos enterado de la negativa del actual Gobierno a avanzar en la expropiación y desarrollo de un Sitio de Memoria en la ex Colonia Dignidad, lo que constituye un retroceso deliberado en materia de derechos humanos. Esta no es una decisión administrativa ni técnica, es una decisión política.

Se pretende reducir el debate a 117.27 hectáreas, como si se tratara de una discusión inmobiliaria. Pero esas hectáreas –una fracción de las cerca de 4 mil que aún permanecen en manos de sus propietarios, tras la venta de más de 10 mil en menos de 20 años– concentran uno de los espacios más densos de criminalidad sistemática en la historia reciente de Chile.

No se trata de tierra. Se trata de un territorio donde cada metro cuadrado fue escenario de crímenes y violaciones de los derechos humanos.

Los testimonios de sobrevivientes han identificado con precisión los lugares: la Bodega de Papas, el Galpón de Heno, el llamado “Museo Colonial”, la casa de Paul Schäfer –la Freihaus–, el actual hotel y anexos, el hospital y su anexo, el edificio Neukra, el cuartel de la DINA conocido por los colonos como Hildegard Halle, la actual casa de Patricio Schmidt Spinti, la llamada “casa de los locos”.

A ello se suman subterráneos, búnkeres y túneles que conformaban una verdadera ciudadela subterránea clandestina, de sólida construcción; el aeródromo, las fosas de inhumación, los sitios de enterramiento de documentos y restos de vehículos de prisioneros asesinados, las zonas de quema de cuerpos y las orillas de esteros y ríos donde fueron arrojados restos y cenizas de las víctimas, entre otros muchos lugares que niños y niñas abusadas, adultos esclavizados y campesinos expulsados podrían mencionar.

Y aun así, hay quienes sostienen que “un memorial” no necesita 117 hectáreas.

Ese argumento no solo es falso: es una forma de negacionismo.

Un sitio de memoria no es un gesto simbólico........

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