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Los ríos en Chile: tragedias recurrentes y una gestión ausente

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23.07.2026

Los ríos son un espejo del modelo de desarrollo chileno: una naturaleza a la que se le niega importancia, se la domestica con obras muchas veces mal concebidas y se la abandona a su suerte cuando el cálculo económico lo exige.

¿Usted sabe cuántos ríos hay en Chile? El número es extraordinario y se debe a nuestra peculiar geografía.

Son varios cientos. Algunos cortos y esporádicos, en el norte y otros muy caudalosos hacia el sur.

¿No le resulta paradójico, entonces, que hasta ahora, amenazados por tragedias recurrentes, no hayamos puesto en práctica una gestión ambiental integral de los sistemas fluviales?

La triste realidad es que los ríos han sido históricamente marginados en la planificación territorial chilena. Es una deficiencia histórica que atraviesa transversalmente a todos los gobiernos pasados y presentes, a todo el espectro político y a toda la población chilena sin excepción.

Durante el siglo XX, el paradigma ingenieril predominante relegó a los ríos a la función de meros canales de desagüe destinados a ser rectificados, encauzados y sepultados bajo hormigón.

Diversos estudios demuestran que el río Mapocho, que atraviesa Santiago, ejemplifica esta lógica. Entre las décadas de 1920 y 1960 su cauce fue reducido, sus riberas impermeabilizadas y sus humedales laterales eliminados para facilitar la expansión urbana.

Este tipo de intervenciones se ha replicado en Viña del Mar, Concepción, La Serena y otras ciudades que han experimentado una explosión urbana en los últimos 30 años.  Esto ha resultado en una extracción masiva de áridos de los ríos, frecuentemente sin fiscalización, desestabilizando los lechos fluviales y comprometiendo la capacidad natural de los ríos para disipar la energía de las crecidas.

De esta forma, se eliminaron los servicios ecosistémicos de los ríos y el resultado es que la vegetación ribereña ya no cumple su papel insustituible para amortiguar la velocidad del escurrimiento, retener sedimentos y estabilizar los márgenes. La gran mayoría de nuestros ríos han dejado de ser un corredor biológico y se han convertido en vectores de riesgo y tragedias.

La ocupación urbana o agrícola de las llanuras de inundación —terrenos que, por geomorfología, pertenecen al río durante sus pulsos extraordinarios— ha sido la regla, no la excepción.

Ante la ausencia de una gestión racional de los sistemas fluviales, poblaciones completas, predominantemente de escasos recursos, se han asentado sobre lechos de crecida; pero también industrias y parcelas de alto valor se han instalado en terrazas fluviales históricamente inundables. El resultado es que tenemos un cóctel predecible: cuando llega la lluvia torrencial el río reclama su espacio y lo que la sociedad denomina “desastre natural” no es sino la respuesta esperable de un ecosistema natural violentado.

En este sentido, los ríos son un espejo del modelo de desarrollo chileno: una naturaleza a la que se le niega importancia, se la domestica con obras muchas veces mal concebidas y se la abandona a su suerte cuando el cálculo económico lo exige. La crisis que vivimos estos momentos debido a los sistemas frontales, antes que un problema hidrológico, es un conflicto por no respetar la ciencia del medioambiente y los límites biofísicos que ella señala, algo que los inversionistas inmobiliarios, los economistas y los........

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