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Legados vanos

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29.12.2025

Las nuevas generaciones dictan una condena parecida a la que el Frente Amplio hizo a sus antecesores. Lo votan en contra. Pero la derrota no fue en las urnas. Antes, fue la realidad la que venció, ingobernable por superioridades morales autoproclamadas.

Llegaron al poder con prisa; con fe en la propia misión. Ocuparon La Moneda, se esparcieron por los ministerios y dependencias del Estado. Venían de las calles, pero eminentemente de los patios de universidades de élite. Se sintieron portadores de un amanecer, que incluía el fin del neoliberalismo en su propia cuna, la clausura de la Constitución de 1980 y la purificación moral de la república. La persecución del expresidente Piñera no era sólo ajuste de cuentas, sino rito inaugural de la nueva época.

Jóvenes, elocuentes, hijos de clases altas, formados en instituciones selectivas, con redes y capital, peligrosos y fascinantes, convencidos de estar del lado acertado: pocas veces —salvo en momentos excepcionales— una élite tan joven, doctrinaria y segura había accedido con tal facilidad al poder.

Entraron con gesto adusto. Su discurso dividía el mundo en dos capítulos morales: aquí, la deliberación política, el ámbito de “la verdad”, donde incluso la duda resultaba “inaceptable”; allá, el mercado, el “mundo de Caín”, territorio de egoísmo. Con esas categorías pretendieron gobernar: antes........

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