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Escalada en Oriente Medio: infraestructura crítica y milenarismo

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22.03.2026

La posibilidad de desescalada se complejiza. Lo anterior no implica descartar que la alianza con más poder duro se imponga militarmente, como ocurrió antes en Siria, Irak o Afganistán.

Por estos días escuchamos reiteradamente que volvemos a la geopolítica en la arena internacional. El retrovisor apunta a una neoversión de la Guerra Fría o a unos nuevos años 20, aunque al mismo tiempo se afirma que las ideologías quedaron atrás, ignorando que un componente singular de ambos momentos fue precisamente la lucha ideológica.

Al respecto, cabe recordar que los vaticinios de un regreso a los paradigmas realistas se han actualizado tras cada crisis. A inicios del siglo XXI lo advirtió Robert D. Kaplan (El retorno de la antigüedad y la política de los guerreros, 2002) y Robert Kagan (El retorno de la historia y el fin de los sueños, 2008).

Así, algunas de las denominadas “fuerzas profundas” por Renouvin y Duroselle nunca dejaron de enmarcar las relaciones internacionales, entre los que se cuentan factores geográficos (espacio, recursos y acceso, por ejemplo), intereses económicos y desde luego las mentalidades colectivas que dan curso, por ejemplo, a sentimientos nacionales como la redención territorial o el excepcionalismo.

Ya en la cuarta semana de las hostilidades que abrieron los aliados estadounidenses-israelíes el 28 de febrero pasado, las estrategias aparecen dinámicas, casi escurridizas. EE.UU. emprendió el castigo sobre los “objetivos militares” de la isla de Kharg hace algunos días. La declaración del presidente Trump en su red social señaló que “por decencia, NO se afectó ni la infraestructura ni los complejos petroleros”.

Desde luego, los objetivos declarados por EE.UU. son comunicacionalmente elusivos. El pesado fuego que se lanzó sobre Irán, incluida la decapitación de una docena de líderes y altos mandos, no persuadió a Teherán para negociar en condiciones desfavorables su programa balístico, ni la renuncia a todo enriquecimiento de uranio, incluido el civil, ni mucho menos los convenció de discutir los destinatarios de su crudo y gas.

Tampoco ha suscitado un estallido a nivel nacional, aunque el premier israelí Netanyahu ha dicho que “no se puede hacer una revolución desde el aire (…), tiene que haber también un componente terrestre”, lo que sugiere la posibilidad de invasión por tierra.

Otro salto, si se piensa que hasta antes las metas declaradas por Israel se concentraban en su enfoque existencial –en línea con el mesianismo del........

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