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La rabia sin revolución

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21.10.2026

Tal vez la pregunta más apremiante que dejan estas jornadas sea qué ocurre cuando una generación descubre que puede destruir los símbolos de una sociedad, pero no encuentra razones, instrumentos ni organizaciones para construir algo en su lugar.

Las imágenes que llegan desde Milán y París nos resultan familiares. Jóvenes encapuchados, algunos apenas adolescentes, lanzan piedras contra la policía, levantan barricadas, destruyen vitrinas y saquean comercios. La violencia se extiende por el centro de la ciudad, frente a una catedral que ha contemplado siglos de agitaciones y conflictos. Esta vez los protagonistas parecen tener dificultades para explicar qué quieren cambiar. Muchos se limitan a destruir y a registrar sus acciones para difundirlas en las redes sociales.

¿Quiénes son? Buena parte de los participantes carece de organización, dirigentes o adscripción ideológica reconocible. Casi la mitad de los primeros conducidos a dependencias policiales son menores de edad. La manifestación original, convocada contra el aumento del costo de la vida, terminó sobrepasada por grupos cuya actuación parecía responder a una lógica elemental: atacar, destruir, enfrentarse con la policía y exhibir después los resultados en TikTok.

Milán y París, con las diferencias que corresponde establecer, recuerdan al Santiago de octubre de 2019. En los tres casos encontramos jóvenes que desafían a la autoridad, ocupan violentamente el espacio público y convierten ciertos símbolos urbanos en objetivos de destrucción. Pero las semejanzas exteriores pueden inducir a conclusiones equivocadas. No estamos ante movimientos políticos comparables, ni todos quienes participan de las protestas comparten las conductas de sus sectores más violentos.

Lo que parece unir a una parte de estos jóvenes es una rabia difícil de interpretar mediante las categorías tradicionales de la política. Se rebelan contra un orden que experimentan como ajeno, frente a instituciones que no consiguen representarlos y ante un futuro que les ofrece menos certezas que las conocidas por generaciones anteriores. Sin embargo, esa disposición a rebelarse rara vez alcanza a constituir una propuesta de sociedad. La destrucción adquiere una autonomía inquietante respecto de cualquier........

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