La escuela bajo sospecha: ¿Por qué los detectores de metales no detendrán la violencia?
El desafío no debería focalizarse en ¿cómo blindar los colegios?, sino ¿cómo transformarlos en espacio, respeto mutuo y participación democrática?
Las recientes cifras sobre la convivencia escolar en Chile resultan alarmantes. Según datos de finales de marzo de 2026, cuatro de cada diez profesores declaran haber sufrido agresiones físicas o verbales por parte de estudiantes o de sus apoderados. Esta estadística describe un síntoma de fragmentación de las comunidades escolares y también muestra el estado de precariedad y desprotección de la función docente.
Ante este avance progresivo de la violencia se ha reaccionado enfatizando medidas de “securitización”. No obstante, la instalación de pórticos detectores de metales refleja la desconfianza hacia los estudiantes y la erosión de los vínculos en las comunidades escolares. Ello también es el reflejo de una sociedad que teme al “otro”, y ese miedo empuja a preferir el “blindaje” por sobre la reconstrucción del lazo social. Bajo la retórica de la eficacia inmediata, que ofrece la instalación de estas herramientas, subyace una desatención ética y pedagógica de la labor formativa de la escuela que merece ser examinada.
El estudiante como objeto de sospecha
Consideramos que la tecnología de vigilancia no es una medida neutra; responde a la forma en que la sociedad y, por........
