En medio de un porfiado centralismo, algunos brotes verdes de descentralización
La conmemoración del Día de las Regiones nos invita a recordar todas las iniciativas y cientos de personas que por años se atrevieron a denunciar los males del centralismo.
La historia de Chile es la construcción paulatina y sistemática de un país centralizado que se expresa en la dimensión demográfica –Santiago concentra más del 40% de la población–, la matriz económica –en la capital se genera la mayor parte del PIB– y el quehacer social y cultural. A ello se agrega que Santiago es el centro político administrativo de nuestro país.
La fuerza arrolladora del proceso centralizador ignoró numerosas voces que anticipaban sus excesos. Entre estas, las políticas homogéneas para un país diverso, las inequidades territoriales en presupuestos ministeriales, los desiguales indicadores de calidad de vida y la frustración en las comunidades locales afectadas por la partida obligada a la capital de sus hijas e hijos talentosos. En suma, un país que arrastra una pesada mochila que le dificulta avanzar hacia un pleno desarrollo.
La conmemoración del Día de las Regiones nos invita a recordar todas las iniciativas y cientos de personas que por años se atrevieron a denunciar los males del centralismo y proponer un ordenamiento político administrativo más equilibrado, que reconozca las capacidades técnicas locales y la legitimidad y justicia de la demanda regional.
En años recientes, la acción de las municipalidades y los emergentes gobiernos regionales, cargados de funciones e insuficientes recursos, a través de la ACHM y Agorechi, han fortalecido las voces que claman por mayor protagonismo en la función pública y la conducción de los destinos de sus comunidades. Al asumir, el Presidente de la República declaró que al término de su gobierno debía tener menos........© el mostrador
