“Adolescence”: una clase de psicología
Es difícil cerrar una historia como la de “Adolescence”, que bien podría haber tenido varios episodios más. Guardando las proporciones, esto también ocurre en la formación.
Cuando veo una buena película, serie, obra de teatro, o leo un buen libro, nunca dejo de pensar del todo para qué curso o cursos de la formación en psicología serían un material de aprendizaje adecuado e interesante.
Adolescence, la miniserie producida por Netflix, se ha esparcido entre las recomendaciones cara a cara y las que abundan en redes sociales, como un mandato que se puede resumir en la expresión “la tienes que ver”. Y, por cierto, la vi. La vi de una sentada. Apurando el almuerzo familiar del domingo, con mi marido apuntamos el control remoto en tres oportunidades para aceptar la propuesta de “seguir viendo”.
Absolutamente hipnótica, removedora y perturbadora. Desde los acontecimientos en tiempo real –en nuestra escala temporal– y el discutido plano secuencia, hasta sus personajes sorprendentes –por momentos difíciles de descifrar y por otros interpeladores–, la serie nos captura desde nuestra necesidad de sentido, de comprensión.
No digo que sea una buena práctica lo de pensar constantemente en transmutar las producciones culturales y artísticas a material de enseñanza de la psicología. Por el contrario, puede llegar a ser fastidiosa. Pero hay algo de esta disciplina inevitable, y es que está en........
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