Aprendiendo a morir, se aprende a vivir
¡Todos vamos a morir, y no sabemos cuándo! Parece el grito dramático de un héroe, ante la derrota fatal o la catástrofe sin retorno. Pero no. Esa afirmación no tiene drama, fatalidad ni ingenio alguno. Solo dice una verdad cotidiana, tan inevitable y descomunal como el sol que emerge cada mañana.
Lo único absolutamente cierto cuando nacemos es que vamos a morir, pero no sabemos cuándo. Algún gran pensador dijo: «Nacemos para morir». Ese sí que exageró, se pasó como cuatro pueblos, ¿no te parece? ¡No nos dejó ni respirar y nos mató de una huaraca! No. Nacemos para tantas cosas más, para vivir —desde luego—, para amar, gozar de la vida, descubrir, aprender y crear, tener una vida buena y podríamos seguir. Para los griegos clásicos como Sócrates, Platón, Aristóteles, para Estoicos y Epicúreos, el sentido de la vida era ser feliz. Tenían diferencias en el cómo.
“Confieso que he vivido” tituló Neruda sus memorias, pero luego de fallecer las titularon “Para nacer he nacido”, una manera poética y críptica de decir que la vida de Neruda fue un permanente renacimiento, reinvención y renovación.
Entonces, salvo que seas un Highlander, el inmortal de las Tierras altas de Escocia, vamos a morir, no hay vuelta. C’est la vie, mon ami, et la mort aussi. Se me ocurre que podríamos decirlo así, de carambola y en francés, para que esa realidad suene más poética y digerible.
¿Todavía no te convenzo? Mientras leías los párrafos anteriores, se murieron 120 personas en el mundo, sin contar a las que mueren en la guerra. Y si esperas un día más, habrá partido otro lote de 150.000. Y en un año, al menos siete millones ¿Y si es así, por qué la muerte es un tabú del que se habla poco y se piensa menos? Es raro. ¿Miedo? ¿Superstición o ignorancia? ¿Nos sentimos inmortales? ¿Sin hablar ni oir de la muerte creemos que pasará piola? Tal vez nos ilusionamos con orillar y hacerle el quite al sentimiento de pérdida en los que se van como en los que quedan, que........
