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La presencia ausente de Habermas en Chile

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16.03.2026

La tarea que Habermas nos deja es, en el fondo, modesta en su formulación y abismal en su exigencia: seguir argumentando. En cada plaza, en cada informe, en cada campaña, en cada conversación donde se decida aunque sea una pequeña cosa sobre el destino común. Como si el entendimiento fuera posible.

Jürgen Habermas, murió el 14 de marzo de 2026 sin haber pisado Chile —al menos no existe registro de que lo haya hecho. Pero ejerció sobre nuestro país una influencia decisiva: ubicua, indirecta y, por eso mismo, difícil de exagerar. O de reconocer.

Ocurrió mediante una infiltración silenciosa: un texto que circula de mano en mano, una idea que alguien introduce en una conversación y que años después reaparece —levemente transformada— en el borrador de un informe público, en el discurso de campaña de un futuro presidente, en la pregunta que un sociólogo se hace a las dos de la mañana frente a una encuesta cuyas cifras no terminan de cuadrar.

Porque aquí lo hemos leído poco y mal, como suele ocurrir con los autores que se convierten en “clásicos en vida”: esa categoría que garantiza el respeto de salón pero no necesariamente la lectura atenta. Habermas fue durante décadas una especie de fantasma conceptual en las ciencias sociales chilenas: citado en las introducciones de tesis, mencionado en los marcos teóricos, pero rara vez comprendido y vinculado con la crudeza de los datos locales.

Hasta que, sin que nadie lo planeara, sus categorías comenzaron a explicarnos Chile mejor de lo que hubiéramos querido.

Lo que Habermas introdujo en las ciencias sociales no fue simplemente un capítulo más en una conversación en curso. Fue, en el sentido preciso del término, un giro: una reorientación del problema central que la sociología y la filosofía política se hacían desde el siglo XIX.

Hasta entonces, el gran interrogante podía resumirse —con cierta brutalidad— en una pregunta sobre el poder: ¿quién manda, por qué obedecemos, cómo se reproduce el orden social pese a las desigualdades que lo atraviesan? Weber lo había formulado en términos de dominación y legitimidad. Marx, en términos de estructura y superestructura. Parsons había intentado disolver la cuestión en una teoría de la integración funcional tan elaborada que a veces parecía diseñada para no poder ser refutada. Y la primera generación de la Escuela de Frankfurt —Horkheimer, Adorno— había respondido con un pesimismo tan radical sobre la razón instrumental que el camino hacia adelante resultaba difícil de imaginar: si la modernidad misma era el problema, si la Ilustración llevaba inscripta en sus genes la semilla del autoritarismo, entonces el pensamiento crítico era poco más que un lamento elegante.

Fue aquí donde Habermas realizó su movimiento decisivo. No abandonó la tradición crítica, pero la reformuló desde dentro. Frente a la razón instrumental —que calcula medios para fines sin preguntarse por los fines mismos— propuso otra racionalidad sistemáticamente ignorada: la razón comunicativa.

La idea es, en su forma más elemental,........

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