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La perseverancia

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15.02.2026

Perseverar es seguir confiando aunque no veamos resultados inmediatos de lo que estamos esperando. Muchas veces quisiéramos que las cosas cambiaran enseguida, que una dificultad se resolviera pronto o que una oración tuviera respuesta rápida y visible. La mayoría de los cambios implican procesos que toman tiempo, y mientras se gestan, nosotros vamos adquiriendo varias virtudes importantes para el transcurrir diario de nuestra vida.

Perseverar es seguir confiando aunque no veamos resultados inmediatos de lo que estamos esperando. Muchas veces quisiéramos que las cosas cambiaran enseguida, que una dificultad se resolviera pronto o que una oración tuviera respuesta rápida y visible. La mayoría de los cambios implican procesos que toman tiempo, y mientras se gestan, nosotros vamos adquiriendo varias virtudes importantes para el transcurrir diario de nuestra vida. En la naturaleza se entiende bien esta realidad. Nada crece de un día para otro. Primero se forman las raíces, después el tallo, las hojas, las flores y por último aparecen los frutos. Es indispensable perseverar en la enfermedad, cuando el dolor se prolonga y el cansancio pesa. En los problemas económicos, cuando aparece la preocupación por el futuro o la incertidumbre sobre el trabajo. En la vida familiar, cuando hay tensiones, incomprensiones o heridas que no se resuelven de inmediato. Necesitamos mantenernos firmes en la oración, sin renunciar a los anhelos, tener paciencia, actuar con rectitud y no dejar que el desánimo gane terreno, porque es precisamente en esa fidelidad donde el alma se apacigua, la voluntad se ordena y el corazón aprende a confiar de verdad. San Pablo escribió a los gálatas: “No nos cansemos de hacer el bien, porque a su tiempo cosecharemos si no desfallecemos.” Ese “a su tiempo” se trata del tiempo en el que las cosas realmente están maduras. A lo largo de la vida se ve también que muchas de las obras más valiosas han requerido años de constancia. La perseverancia no solo nos forma el carácter; también permite que se realicen obras que de otra manera nunca existirían. Antonio Gaudí es un ejemplo claro. Dedicó más de cuarenta años a la construcción de la Basílica de la Sagrada Familia. Era un hombre profundamente creyente y entendía su trabajo como una obra ofrecida a Dios. Sabía que no vería terminado el templo, y aun así perseveró hasta el final. Hoy el mundo entero admira ese monumental santuario, que nació de la paciencia, del trabajo constante y de una fe firme. La constancia no produce gratificaciones inmediatas, pero siempre deja fruto. Mientras la persona permanece fiel a sus propósitos, Dios va actuando aún más allá de lo pensado. Y cuando llega el momento, se comprende que nada de lo que se sostuvo con perseverancia y con esfuerzo fue en vano.


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