El activo más rentable eres tú
Hace unos días, mientras dictaba un taller sobre inteligencia emocional para la gestión del cambio en una empresa de ingeniería, propuse a los participantes un ejercicio sencillo: detenerse un momento y reconocer qué emoción estaba marcando su día. Lo que siguió fue un silencio incómodo, del tipo que se siente en el pecho. Para muchos, mirar hacia adentro parecía más difícil que resolver un problema técnico o interpretar un indicador.
Ese silencio dejó una pregunta rondando: ¿por qué nos resulta tan complejo nombrar lo que sentimos? Quizá porque durante años aprendimos que un buen profesional debía controlar sus emociones, ocultarlas o dejarlas "en la puerta" antes de la jornada. Como si pudiéramos partirnos en dos: quien trabaja y quien siente. Pero las........
