¿Cuánto cuesta estar sano?
Es lo que me pregunto cada vez que se toca el tema de los "impuestos saludables", y de inmediato me hago la siguiente pregunta lógica: ¿cuánto nos cuesta, como sociedad, enfermar?
El debate sobre el impuesto a las bebidas azucaradas y los ultraprocesados parece haberse reducido a una disputa entre salud y economía, como si fueran intereses necesariamente opuestos. Ahí está precisamente la trampa, porque la enfermedad también es una factura. Y una mucho más cara que la que aparece con el aumento de precio de una gaseosa. El argumento económico en contra del impuesto es simple: si un producto cuesta más, la diferencia la paga principalmente el consumidor, pero también hay un impacto sobre tenderos, productores, empleo y consumo. Todo eso merece ser........
