Réquiem del acero y el jilguero
El universo de Yeison no era el prosaico cemento que sus suelas hollaban, sino un firmamento invertido, donde el destino, ese tejedor ciego, hilvanaba su parca labor con fibras de protección intensa, la verdad interior y la sanación emocional profunda. La sensación cardinal era una resignación metafísica, quietud del alma ante el presagio ineludible. Tres veces, la noche, pitonisa muda, le ofrendó el cáliz de la premonición, un espejo bruñido del post-mortem venidero.
¿A qué se parecía esa certidumbre rocosa? A un hilo escarlata rígido sobre el abismo, a un río abisal que arrastra al nauta hacia simas ignotas.........
