menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

El destejido de la alfombra persa

24 0
19.03.2026

Las explicaciones de las razones por las cuales los Estados Unidos desataron esta guerra no han producido claridad. Si Irán estaba muy cerca de contar con bombas atómicas, quedaría desvirtuada la proclama victoriosa de hace 6 meses en el sentido de que los iraníes tardarían décadas en conseguir un arsenal atómico después del contundente bombardeo de la “Guerra de los 12 días”. Y si la idea fue adelantarse a la reacción iraní contra los Estados Unidos ante el inminente ataque de Israel, como lo dijo el Secretario de Estado, los americanos habrían entrado en guerra arrastrados por insinuación ajena. La renuncia estrepitosa de Joe Kent, director del Centro Nacional de Contraterrorismo, que dice expresamente que Irán no representaba una amenaza inminente contra los Estados Unidos y que la Administración “inició esa guerra bajo presión de Israel y su poderoso lobby americano”, dejará flotando serias dudas en esa materia.   

El llamado del presidente Trump a los iraníes, coreado por el primer ministro israelí, para que se levanten y tomen por su cuenta la tarea de acabar con el régimen de los ayatolas, no ha sido o no ha podido ser atendido. Pasados unos días parece claro que la misma gente que salió a la calle en enero no estaría dispuesta a correr otra vez, ahora en pleno Ramadán, a intentar tomarse el poder bajo el bombardeo de quienes habían prometido ayudar y dicen hacerlo de manera aséptica desde el aire, como en un juego de computador.

El sistema establecido por la revolución islámica de Irán fue diseñado desde un principio para afrontar contrarrevoluciones. Con ese propósito se fundó una poderosa guardia, diferente del ejército, a cargo de organizaciones policivas y paramilitares, públicas y secretas, internas y exteriores, orientadas exclusivamente al control social y la represión, no sólo cuando la gente protesta sino a través de acciones de control de la vida cotidiana. Organización arraigada en la vida del país a lo largo de casi medio siglo, que no se va a disolver por el hecho de que muchas de sus instalaciones hayan sido destruidas.

En las ciudades iraníes se dice que a estas alturas la gente no solo tiene miedo de la represión, cuyo aparato a pesar de haber sido golpeado sigue vigente y más alerta que nunca, sino que teme caer en la trampa de una guerra civil, que castigaría a una población de más de 90 millones de almas que no necesariamente aplauden, sino que repudian el ruido de los aviones y la caída de miles de bombas sobre su territorio.

Casi veinte días después del ataque que mató al líder supremo, seguido de una “poda” mortal de altos dirigentes, y a pesar del anuncio de la destrucción de la fuerza aérea, el hundimiento de la marina de guerra y del cierre, ahora sí, del programa nuclear, Irán continúa lanzando misiles y artefactos de bajo precio contra instalaciones militares americanas en la región y contra objetivos civiles en los países del Golfo Pérsico. Controla además el paso por el Estrecho de Ormuz, sin que se produzca el temido efecto de obliteración del suministro de petróleo que por allí transita, pues permite la navegación de embarcaciones con destino a sus amigos y principales compradores.

Como si una operación de semejante envergadura no hubiese estado bien planeada, desde Washington se ha hablado de “excursión” lo mismo que de guerra, se ha tratado de manera desobligante al primer ministro británico para luego decir que no se necesita su apoyo, se ha convocado luego a la Otan, con Gran Bretaña incluida, para que contribuya a despejar Ormuz y, ante la muy importante e inédita negativa de los aliados naturales a cooperar en ese propósito, se ha vuelto a decir que no se les necesita.

La aspiración de la Casa Blanca en el sentido de participar en la selección del nuevo líder supremo de la República Islámica, con la esperanza de montar un esquema como el de Venezuela, simplemente no fue atendida. La mención de que Irán estaría solicitando un cese del fuego y una negociación fue categóricamente desmentida por el canciller iraní, que desde un principio ha sostenido que Irán no tiene de qué hablar con los Estados Unidos y que está dispuesto a continuar la guerra por el tiempo que sea necesario, y ha retado más bien a que los norteamericanos se atrevan a enviar tropas para ver cómo les va en el terreno. (continúa mañana).


© El Informador