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El Eco de un Respeto que se desvanece

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12.03.2026

«El respeto no es sumisión, es el reconocimiento de que alguien recorrió el camino antes que nosotros y tiene algo que enseñarnos».

Un suspiro por el ayer. Hubo un tiempo, no hace mucho, donde las palabras de un padre eran leyes sagradas y el silencio de una madre, un poema que dictaba el orden del alma.

En aquellos hogares de techos altos y tecnología escasa, no se necesitaba el Wi-Fi para estar conectados; el hilo invisible que unía a la familia era un respeto profundo, tejido con hilos de admiración y una pizca de ese temor reverencial que nace del amor.

Hoy, mientras el mundo gira a la velocidad de un clic, algo esencial parece haberse quedado atrás, como una carta olvidada en un cajón antiguo.

Lamentablemente hoy día, vemos hogares en donde los niños y/o adolescentes, gritan a sus padres; los amenazan y desafían de una manera brutal.

Estos berrinches, aumentan sobre todo cuando le quitan la tablet, el celular, o cuando les dicen que tienen que dormir temprano para ir a clase.

O, simplemente cuando les prohíben cualquier cosa que les pueda causar daño a su integridad física y mental.

La melodía del ayer: Sabiduría sin títulos

Nuestros abuelos y padres a menudo no tuvieron una tableta en las manos, ni títulos colgados en la pared que presumir. Sin embargo, poseían un doctorado en humanidad.

El saludo como Ritual: Entrar a una habitación y saludar a cada adulto no era una obligación, era un reconocimiento de su existencia y su historia.

La mesa era un altar: No había pantallas que robaran la mirada; el centro de atención era el relato del abuelo o el consejo del padre.

Estamos de acuerdo que la tecnología no es mala… ¡¡Claro que no lo es!!, por el contrario es una herramienta importante, demasiado importante. Sin embargo, debemos educar a nuestros niños y adolescentes, a no dejar atrás el respeto y las buenas costumbres.

El valor del «Usted»: Esa pequeña palabra era un puente de dignidad que marcaba la diferencia entre la camaradería y la jerarquía del afecto.

El ruido del presente: Corazones hiperconectados, Almas Distantes Es una ironía romántica y triste: los adolescentes de hoy tienen el mundo en sus bolsillos, pero a menudo olvidan quiénes sostienen ese mundo para ellos.

En muchos hogares, el brillo de los teléfonos ha sustituido el brillo en los ojos al conversar.

La libertad malentendida: El deseo de ser «amigos» de los padres ha borrado, en ocasiones, la frontera del respeto, convirtiendo el hogar en un campo de buscador de igual a igual, donde la voz de la experiencia es silenciada por la soberbia de la juventud.

El vacío de la inmediatez: Acostumbrados a tenerlo todo al instante, se ha perdido la paciencia para escuchar la lentitud de los años.

Un Llamado a los Orígenes

No se trata de despreciar el progreso, sino de rescatar la elegancia del trato.

No hay nada más romántico que un joven que, en medio de su rebeldía, sabe bajar la voz cuando su madre habla, o que reconoce en las arrugas de un anciano un mapa de tesoros que ningún de internet podrá jamás revelar.

Aún estamos a tiempo de volver a encender esa luz. El respeto es, en última instancia, la forma más pura de decir «te quiero» sin pronunciar una sola palabra.

Es devolverle al hogar su esencia de refugio, donde la jerarquía del amor sea la que dicte el ritmo del corazón.

Natividad Castillo P. (Natty)

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